Murió la idea de que aún era una buena persona.
Se dio cuenta de que había elegido vivir.
Y esa elección tenía un precio.
Durante horas no pudo dejar de pensar en esos ojos. En la súplica muda. En el hecho de que, tal vez, si hubiera sido más valiente… si hubiera corrido… si hubiera—
Pero la guerra no acepta si hubiera.
La guerra solo acepta consecuencias.
Esa tarde, el bombardeo volvió.
Esta vez cayó cerca. Demasiado cerca. La explosión lo lanzó contra la pared de la trinchera. Sintió un zumbido agudo en los oídos, como si el mundo se hubiera roto por dentro. Cuando abrió los ojos, todo era polvo, humo y cuerpos tirados.
Uno de ellos se movía.
Se arrastró hacia él instintivamente. El hombre tenía el pecho hundido, respiraba a trompicones, haciendo un sonido húmedo y horrible. Cada respiración parecía un error.
—No me dejes —susurró.
Lo sostuvo.
<3