Miró un cadáver como se mira una piedra en el camino.
Esto está mal, pensó.
Pero el pensamiento fue débil, lejano, casi académico.
La guerra había comenzado a hacer su trabajo.
Durante la mañana, los pusieron a limpiar la trinchera.
Mover cuerpos.
Apartarlos.
Hacer espacio.
Le tocó levantar a un soldado que no conocía. El cuerpo estaba rígido, frío, pesado de una forma antinatural. Cuando lo giró, escuchó un sonido seco: algo se rompió dentro del cadáver.
No se sobresaltó.
Simplemente ajustó el agarre y siguió.
La sangre seca se le quedó bajo las uñas. Oscura. Incrustada. Por más que frotó después, no se fue del todo. Como si el cuerpo se negara a olvidar lo que había tocado.
<3