Mientras trabajaba, escuchó a alguien reír.
Una risa breve, nerviosa, fuera de lugar.
No miró.
No preguntó.
En la guerra, la locura también se contagia.
A media tarde, encontraron a uno que aún respiraba.
Estaba enterrado hasta el pecho. La explosión lo había cubierto de tierra. Solo sobresalía la cabeza y un brazo. Los ojos se movían con desesperación. La boca se abría y cerraba sin sonido.
Pidió ayuda.
No gritó.
No lloró.
Pidió ayuda con la voz de alguien que ya sabe que no hay mucha esperanza.
Se acercaron. Lo intentaron sacar. Tiraron del brazo. El hombre gritó de dolor. Algo no estaba bien. El cuerpo no respondía como debía.
—Está atrapado —dijo alguien—. Si seguimos tirando, lo partimos.
Hubo un silencio breve.
<3