Demasiado breve.
—No hay tiempo —dijo otro—. Viene otro ataque.
El chico miró el rostro del hombre enterrado. Estaba cubierto de tierra y sangre. Los labios le temblaban.
—Por favor… —susurró.
No hubo disparo.
No hubo cuchillo.
Simplemente lo dejaron.
Se alejaron mientras el hombre seguía ahí, medio vivo, medio muerto, enterrado como un error que nadie quería corregir.
Él no se volteó.
Y esa fue la parte que más tarde lo perseguiría:
no haberse volteado.
Esa noche, cuando por fin se sentó solo, algo volvió.
No fue una imagen.
Fue una pregunta.
¿Cuántas veces más podré hacer esto antes de dejar de ser alguien?
Pensó en su casa. En su nombre dicho en voz alta. En la posibilidad absurda de volver y sentarse a una mesa como si nada hubiera pasado.
Sintió vergüenza.
<3