El sexto día empezó con un silbido.
No fue fuerte.
No fue inmediato.
Fue un sonido largo, agudo, suspendido en el aire, como si el cielo inhalara antes de gritar.
Su cuerpo reaccionó antes que cualquier pensamiento.
Se lanzó al suelo sin saber por qué. El corazón se le desbocó, golpeándole el pecho con una violencia que le arrancó el aire. La explosión cayó unos metros más allá, levantando tierra, restos, fragmentos que llovieron sobre la trinchera como una condena.
El ruido no se fue cuando terminó la explosión.
Se quedó dentro de su cabeza.
Un pitido constante.
Un zumbido insoportable.
Intentó incorporarse y no pudo. Las manos no le respondían. Las piernas estaban rígidas, ajenas, como si no fueran suyas. Abrió la boca para hablar, para pedir ayuda, para decir estoy bien, pero no salió ningún sonido.
El pánico llegó entonces.
Brutal. Absoluto.
No podía respirar.
<3