El aire entraba a trompicones, cortado, inútil. Cada intento de inhalar le dolía. Sentía el pecho cerrado, como si algo pesado estuviera sentado sobre él. El mundo se volvió pequeño, lejano, deformado.
Aquí muero, pensó.
No por una bala.
No por una explosión.
Por su propio cuerpo fallándole.
Alguien lo sacudió.
—¡Mírame! ¡Mírame!
No podía enfocar. Las caras eran manchas. Las voces llegaban distorsionadas, como desde el fondo del agua. Sentía el sudor empapándole la ropa, frío, pegajoso.
—Respira conmigo —le dijeron—. Ahora. Uno. Dos.
Quiso obedecer.
No pudo.
<3