Las manos se le cerraron en puños dolorosos. Las uñas se le clavaron en las palmas hasta romper la piel. Sentía hormigueo en los brazos, en la cara, en la lengua. Pensó que se estaba muriendo de verdad. Pensó que su corazón iba a estallar.
Pensó en su madre encontrando la noticia.
Pensó en ella leyendo una carta que nunca escribió.
Y entonces, poco a poco, el ataque cedió.
No se fue del todo.
Solo retrocedió.
Lo dejaron sentado contra la pared de tierra, temblando, respirando como un animal herido. Nadie dijo nada. Nadie preguntó cómo estaba. En el frente, un colapso no es un evento extraordinario. Es parte del paisaje.
—No fue nada —murmuró alguien—. A todos nos pasa.
No fue nada.
<3