Pero él sabía que sí lo había sido.
El resto del día lo pasó en un estado extraño, desconectado.
Escuchaba órdenes y las obedecía sin procesarlas. Caminaba. Cargaba cosas. Miraba cuerpos sin realmente verlos. Era como si su mente se hubiera apartado unos pasos atrás, observando desde lejos para no romperse del todo.
A media tarde, vio a un soldado disparar a un cadáver.
No por necesidad.
No por error.
Por costumbre.
El disparo fue seco. Preciso. El cuerpo no reaccionó. Nadie dijo nada.
Sintió un escalofrío lento recorrerle la espalda.
No por el acto.
Sino porque entendió que ya nadie diferenciaba entre amenaza y resto.
Esa noche, cuando el bombardeo volvió, su cuerpo reaccionó otra vez.
Cada silbido lo hacía encogerse.
Cada explosión lo sacudía por dentro.
<3