En el rincón de mis sueños,
donde el tiempo se detiene,
te veo, deslizando tu risa en el aire,
como un susurro de primavera,
luz que traspasa sombras,
ecos de un amor que se asoma.
Eres el reflejo en mi espejo,
la chispa que enciende mis días,
pero el destino juega
con cartas enraizadas en la indecisión,
y ella, su sombra,
te atrapa en su abrazo.
Aun así, mi corazón
teje versos de esperanza,
como una rosa roja eterna,
con espinas disimuladas,
mi amor no florece solo en primavera,
sino en un jardín secreto
que sólo tú puedes conocer.
Quiero ser la melodía
que acompaña tus pasos,
la elección entre lo fácil y lo verdadero,
ser parte de tu historia,
de esos momentos robados,
donde el mundo se disuelve
y solo quedamos nosotros.
Hay rimas en mi silencio,
cantos de un alma que anhela,
pero el reloj no se detiene,
y tus ojos buscan otros destinos.
¿Qué debo hacer con este fuego
que arde y consume en su locura?
Una rosa para ti,
como símbolo de lo eterno,
pétalos que son promesa,
susurros en cada encuentro,
y en cada latido, mi deseo:
ser tu elección,
ser esa opción oculta
que despierte un nuevo amanecer.
Si algún día decides
mirar más allá de lo que es,
recuerda que aquí estaré,
con mi amor en cada verso,
esperando en el silencio,
la posibilidad de ser tú,
el motivo de mi canción,
y yo, la respuesta en tu corazón.