La tinta del corazón

La musa que no viste

En la penumbra de un deseo oculto,

mis pensamientos danzan como sombras,

y en cada latido, te llevo presente,

susurros de un amor que florece en silencio.

Tu risa, un eco que abraza el viento,

y en tus ojos, el reflejo de mil amaneceres,

mi corazón late con la esperanza,

un latido compartido overado por el tiempo,

pero encadenado a la elección de otro.

Te veo, y el mundo se diluye,

con deseo de ser la musa de tus días,

pero entre nosotros se alza un muro,

tu sonrisa la lleva, a quien no soy.

Una rosa roja eterna, silencio eterno en mis manos,

te la ofrezco con el brillo de mis sueños, como un pacto de

amor inquebrantable, un símbolo de lo que podría ser.

Quiero ser tu elección, como un verso que se entrelaza con tu voz, parte de tu historia,

un capítulo anhelado, un roce de ternura en la bruma del amanecer.

Ah, destino cruel que nos juega, y con cada latido, mi corazón grita tu nombre,

mientras en la distancia, la realidad sigue su curso.

Pero aquí estoy, con mi rosa y mis deseos,

sabiendo que aunque el silencio me envuelva,

mi amor es un eco eterno, siempre floreciendo en tu sombra.




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