Mi mundo antes era gris, apagado y frío,
un lienzo en blanco, de tristeza sombrío.
Llegaste tú, y un torbellino de color,
pintando mi alma con intenso fulgor.
Hoy te amo, sí, con pasión desmedida,
pero odio la herida, la amarga partida
que en mi pecho creas, cruel dualidad,
un amor que arde, y otra tempestad.
Detesto el eco de tu voz en mi pensar,
las sombras que dejas al marchar.
El caos que siembras, la duda al nacer,
pero amo la chispa de lo que hemos de ser.
Esa promesa latente, el futuro soñado,
un jardín de esperanzas, jamás marchitado.
Tu esencia me envuelve, me quema y me atrae,
un juego de opuestos, que nunca se cae.