Llega el tiempo de recuerdo, el alma alza su vuelo,
con pan de muerto y flor de cempasúchil, bajo el mismo cielo.
Las velas que arden, guían caminos de amor,
a los que ya partieron, sin sentir el dolor.
El humo del copal asciende, en un aroma ancestral,
cantando historias de vida, en la noche sideral.
Esqueletos sonrientes, bailan con algarabía,
la muerte no es fin, es solo una nueva vía.
Las almas cruzan el velo, en su efímero retorno,
a recibir el cariño, en este sagrado adorno.
Sus risas se confunden, con el viento del panteón,
celebrando la existencia, en eterna comunión.
La ofrenda es el abrazo, que cruza la eternidad,
un puente de esperanza, en la gran verdad.
El Día de Muertos llega, con su magia peculiar,
a recordarnos que el amor, jamás deja de estar.