La tinta del corazón

Ruego en silencio

Oh, el eco de mis pensamientos,
susurros que se mezclan con la brisa
en esta noche de luna tímida,
donde el cielo se viste de luto
y mis esperanzas flotan como papel,
navegando en ríos de incertidumbre.

El latido de mi corazón, cuántas veces
se ha vestido de valentía para invitarte,
con cada palabra ahogada en la garganta,
cada mirada robada en un instante,
cada risa compartida que guarda secretos
que aún no te he revelado.

El mundo gira, y yo me encuentro aquí,
parado entre sombras y luces,
esperando que tus ojos se posen en mí,
que tus manos entiendan el temblor
de este amor que arde,
que es un fuego en mi pecho.

¿Acaso no sientes,
esta conexión que nos aprieta como un corsé?
¿No ves que el tiempo se escapa
entre los dedos de nuestras decisiones?
El reloj avanza, y contigo se lleva
mis sueños, mis promesas, mis esperanzas.

El silencio se vuelve un grito,
un grito que clama,
¡elige!
Elige abrir esa puerta que da a un mundo
donde mis brazos son el refugio
que anhelas, donde tus risas
resuenan como melodías en mis días.

Y si decides mirar hacia otro lado,
si decides aferrarte a sombras que no son tuyas,
entonces,
deja que el viento se lleve también mi suspiro,
mi adoración que se convierte en polvo
mientras me alejo,
en pedazos de lo que podría haber sido.

Pero si eliges a ella,
déjame advertirte, oh corazón errante,
será un camino de espinas,
un camino donde la tristeza florece
y lo que pudo ser,
se marchita en un susurro de lo que jamás fue.

No persistas en el deseo de lo ajeno,
no ciegues tus ojos a lo que brilla
en la calma de mis brazos,
en la confianza de mi abrazo,
llamando a tu nombre en la noche.

Escucha la voz de las estrellas,
cada destello un ruego,
cada parpadeo un deseo,
ve cómo se desvanecen mis esperanzas
si desatas la cadena de tu pasado
y eliges un corazón que no es tu hogar.

Ven, el tiempo es un ladrón
que roba los momentos que podrían ser
un canto de dos almas entrelazadas,
mientras la vida se desliza como arena fina
entre los dedos de quienes dudan.

No me dejes en el intersticio,
en la espera eterna,
donde las promesas se desvanecen como humo,
y las miradas se tornan en añoranza.

Elige, amor mío,
escoge este amor que se da entero,
que no conoce límites,
que te abraza,
que te pide sin pedir,
que sufre sin mostrar,
que brilla sin alardear.

Hazlo ahora,
antes que la penumbra se adueñe de este canto.
Primero tú,
y después el universo.
Elige, y no te arrepientas
de dejar escapar lo que preferí
sobre todas las tormentas.




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