La tinta del corazón

Acostumbrada a tu ausencia

Me acople a tu tiempo,

tu manera de alejarme,

como si cada palabra fuera un castigo,

un eco que se desvanece en la nada,

y en el silencio encuentro tu voz,

sutil y distante, susurrando en el abismo.

Me acople a ti,

a tu manera de evitar las conversaciones,

al arte de evadir lo obvio,

las miradas que no cruzamos y

las promesas que se deslizan por el aire

como hojas secas en el otoño de nuestro amor.

Me acople a tu ser,

a tus silencios, y a tus risas,

a esa risa que se me escapa,

que suena a un piano lejano,

mientras mis dedos buscan el acorde,

y mi corazón se queda atrapado en el bucle de lo que pudo ser.

Me acople a tu "amor lejano",

un amor que se siente como un amanecer

sin la calidez del sol,

como el océano en calma

que esconde tormentas en sus profundidades,

y las olas que rompen son mis lágrimas,

que caen a la orilla de tu indiferencia.

Me acople a tus miedos,

a la sombra que se cierne sobre nosotros,

un refugio que no abriga,

un lugar donde los sueños se desvanecen.

Aprendí a amar tus cicatrices,

jackpot de recuerdos que el tiempo no cura,

ser el testigo de tu historia sin fin.

Me acople a tu vuelo,

a la libertad que no compartimos,

a la distancia que crece y se siente como un puñal,

como un viaje sin mapa ni destino,

donde cada paso hacia ti es un paso atrás,

y cada mirada trayendo ecos

de un pasado que no regresa.

Me acople a tu esencia,

a ese aroma que persiste en mis recuerdos,

el perfume de lo que fuimos,

y cada nota de lo que nunca seremos,

me siento como un pájaro enjaulado,

cantan mis alas, pero no puedo volar.

Me acople a tus atardeceres,

con el cielo pintado en tonos de tristeza,

donde el sol se despide y nuestros corazones

siguen atrapados en el crepúsculo,

y el horizonte se convierte en un susurro

de lo que nunca logramos alcanzar.

Me acople a tus ruidos lejanos,

el tamborileo de tu risa en la distancia,

ecos de un sueño que se esfuma,

y mis palabras se convierten en cenizas,

escribiendo poemas en las estanterías del olvido,

guardando fragmentos de un amor disuelto.

Me acople a tu esencia fugaz,

como estrellas que brillan y se apagan,

como luces que titilan en la noche oscura,

mientras siento el frío de lo no dicho,

lo no vivido,

y en cada latido voy cosiendo palabras,

tejiendo un arcoíris que no se ve,

finalizado por tus huellas.

Y en el eco de mi soledad,

me abrazo a mis versos,

porque aunque me acople a ti,

soy un yo que renace,

plantando flores en el desierto,

donde mi corazón,

por fin,

aprende a ser libre.




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