En un rincón del alma,
donde el viento susurra secretos,
te encuentro,
como un sueño que se desliza entre los dedos,
un eco que no cesa,
un murmullo persistente
en la habitación vacía de mis pensamientos.
Tu amor fue la brújula,
el faro que iluminó mis noches,
un destello en el horizonte,
un canto sereno en la tempestad.
Sin embargo,
hoy caminas en la penumbra,
tu sombra se alarga y se pierde,
mientras yo,
sigo buscando el calor
de tu risa que resonaba como música.
La ausencia pesa,
pero es un peso que llevo con cuidado,
cada recuerdo se convierte en un campo de flores marchitas,
cada sonrisa que compartimos
se convierte en un lienzo de nostalgia.
El dolor, oh, el dolor,
de saber que el amor puro
puede transformarse en un susurro,
en un eco distante que ciega
cuando la luz ya no da calidez.
Te dejé entrar en mi vida,
en mis días de sol y mis noches de lluvia,
mi familia te abrazó,
te dio un lugar en nuestros corazones,
te susurró en cada cena, en cada conversación,
te regaló los lazos de nuestro ser.
Y tú, ¿dónde estás ahora?
Desaparecido en el aire,
como el perfume que un día adoré.
Pero aún así, el amor persiste,
es un fuego indomable que se niega a extinguirse,
una pasión contenida
que arde en el silencio de la espera.
A veces me pierdo en la esperanza,
pensando en un futuro donde regresas,
donde todo lo que construimos
se erige de nuevo,
como una ciudad en ruinas resucitada
por el aliento de los dioses.
Eres la luz que se escapa entre mis dedos,
la brisa que acaricia mis mejillas,
te siento en cada rincón,
en cada rincón del alma,
te llevo grabado en cada latido,
aunque el tiempo nos haya dado la espalda.
Eres el reflejo del amor
en un espejo roto;
aún así,
en mi mente, sigues siendo completo,
una imagen esplendorosa
que no se ha desvanecido.
El amor puro,
ese sacrificio sin condiciones,
esa entrega sin reservas,
es lo que me mantiene vivo,
mientras el interés se aleja
y la soledad asoma su sombrero,
reemplazando tu risa
con la sombra de lo que fue,
una caricia que ahora se dibuja
en las fronteras de los sueños.
Pero al final,
mi amor por ti,
como un río que encuentra su cauce,
fluirá siempre,
aunque las aguas se tornen turbias,
seré el faro que aguarda,
la luz que persiste en la negrura,
con la esperanza anclada
en cada oleada de mi ser,
abrazando tu ausencia,
desbordando en pasión,
porque el amor verdadero jamás se rinde,
jamás se apaga,
sino que vive en la chispa de lo eterno,
donde las promesas son reflejos
y el dolor, simplemente, una prueba del fuego que forja el alma.