Dicen que los ecos del pasado aún resuenan en estos lugares, aunque tanto tiempo ha pasado que incluso las piedras han olvidado la verdad. Este valle, por ejemplo, es solo uno de los muchos escenarios donde aún se respira la locura de una era olvidada; una época de la que no queda nada, y de la que nada se sabe.
La llamaron la Era del Caos. Fue un tiempo marcado por la guerra, la sangre y la oscuridad total. Hoy no queda registro alguno de ella, salvo por aquello que le puso fin:
La Torre Santa. Una estructura blanca que refleja la luz en sus paredes con una intensidad antinatural, tan alta que atraviesa las nubes. Nadie sabe quién la construyo, ni como llego allí; simplemente, apareció. Fue entonces cuando pasamos de la desesperación a un nuevo comienzo, y con él, nació una leyenda que aún perdura: "Quien consiga alcanzar el piso más alto de la torre, se convertirá en Rey y, junto con ella, nos traerá de vuelta el tiempo perdido".
- ¡Yo me convertiré en rey! - grite poniéndome de pie e interrumpiendo a Román acabar la historia.
- ¡Siempre haces igual Alen! - gritó Lucía, poniéndose también de pie y empujándome hacia atrás.
- ¿Qué haces, estás loca? - le grité, dando un paso hacia ella y enfrentándola.
- ¡Para Alen! - gritó también Max, mientras me agarraba por la espalda impidiendo que me acercara a Lucía.
- ¡Siempre interrumpes a Román fastidiándonos las historias antes de dormir y estoy harta!
- Niños, por favor, tranquilos-interrumpió Román esbozando una sonrisa y soltando una pequeña carcajada, mientras nos hacía un gesto para que nos volviéramos a sentar- Ya sabéis como se emociona Alen con estas historias, y no pasa nada por interrumpir, así cada uno aporta su granito de arena en las
noches.
- ¡Pero seré rey! - volví a decir de manera burlona mirando a Lucía.
- Claro que si Alen, pero primero tendrás que aprender a atarte los cordones antes de gobernar nada- dijo Lucía señalando mis zapatos mientras me giraba la cara.
- Bueno, creo que por hoy ya está bien, todos a dormir- dijo Román señalando las tiendas.
Sentí una punzada de rabia en el pecho escuchando a Lucía y le iba a contestar, pero ya se había ido junto a Max y me había quedado solo en la hoguera junto con Román.
- ¿Estas bien Alen? -me pregunto Román.
- Si, sí. Solo que, odio que me traten como a un niño y que siempre me subestimen por ser el más pequeño.
- No es eso Alen, ellos te quieren, solo que a veces pones la mirada demasiado alta y te olvidas de las personas que tienes al lado.
Román se levantó de su tronco y se fue caminando hacia su tienda, dejándome junto al fuego.
Me quede mirándolo fijamente mientras la noche pasaba y la leña se consumía.
-Conquistaré la torre -me prometí mientras mis ojos comenzaban a cerrarse.
A la mañana siguiente, me desperté en mi tienda, por lo que parecía Román me había debido de traer cuando me quedé dormido.
Al salir de la tienda el sol me deslumbró, haciéndome bajar la mirada instintivamente hacia el suelo. Después de frotarme lo ojos con las dos manos, me acerque donde estaban desayunando. Lucía me tiro una manzana y Max me pego un golpecito en el hombro mientras me sentaba a su lado.
- Bueno chicos, ¿hacia dónde queréis que vayamos hoy? -pregunto Román, como hacia todas las mañanas desde que me recogieron en el pueblo.
Por unos segundos nadie contesto, sabíamos perfectamente que era una pregunta trampa, Román siempre nos hacía lo mismo. Primero nos preguntaba y luego nos ponía a entrenar.
- Podríamos ir a pescar, hace mucho que no vamos- le respondió Max, con tono serio.
Instintivamente le pegué un golpe con el codo en el costado, mientras lo miraba de reojo. Román sonrió y golpeó su pierna con la mano y lo señalaba un tanto eufórico.
- ¡Tienes razón Max! -gritó- hace muchísimo que no vamos a pescar, y si no me equivoco, el río Nes está a pocos kilómetros de aquí. En cuanto terminemos
de desayunar, recogemos el campamento y nos pondremos en camino.
- Pero... ¿y el entrenamiento? - pregunto Lucía sorprendida.
- No te preocupes por eso, tu cuando termines recoge tu tienda y ayuda a Alen con la suya.
En ese momento sentí un escalofrió recorriendo mi espalda, miré a Max y luego a Lucía. Los dos estaban igual que yo, cruzando miradas sin decir una palabra. Los tres lo sabíamos, hace seis años que estamos juntos y no ha habido día en el que Román se haya saltado nuestro entrenamiento, algo no va bien.
Román se levantó y se fue a recoger sus cosas, en ese momento Lucía habló:
- ¿Qué está pasando aquí?
- No lo sé, pero será mejor que terminemos rápido de desayunar- respondió Max.
- ¿Desayunar?, se me ha quitado el hambre- dije con los ojos bien abiertos y mirando al horizonte.
- ¿Sabes algo que no nos estas diciendo? - pregunto Lucía a Max.
- Tiene razón, eres el que más tiempo lleva con Román, ¡confiesa! - le ordené mientras le apuntaba con los restos que quedaban de la manzana.
Max se levantó sin decir nada, nos miró, negó con la cabeza y se fue a recoger su tienda.
Lucía y yo nos miramos:
- Algo no va bien... - susurré, mientras Lucía se levantaba y me daba una palmadita en el hombro.
- Vamos Alen, te ayudo a recoger tu tienda.
- ¿Tú también lo sabes?
Editado: 27.06.2026