Rhyan
Anoche la princesa salió a las nueve corriendo al despacho del rey y regresó a prepararse para un viaje. Más tarde en la noche, mi padre llamó y entendí todo.
—Papá, soy muy joven para casarme con una princesa —le reproché.
—No hay nada que discutir; esto nos va a ayudar más de lo que crees y punto.
Ahora me encuentro de regreso a Thender para recibir a las princesas. Me paralizo un segundo al escuchar pasos cerca.
—Andrew, puedes dejar de esconderte —digo con molestia.
—¡Rhyan! Cuánto tiempo, hermanito —sale de un arbusto y me abraza mientras yo me aparto—. Veo que sigue sin gustarte el contacto físico; me pregunto qué pensará tu prometida de esto.
—Nada, porque no pienso tener —alego.
—Yo creo que sí, o ¿ya se te olvidó para qué vas a Thender?
Ruedo los ojos con fastidio y sigo mi camino mientras mi molesto hermano me sigue. Llegamos a la casa de mi padre y nos llevan a nuestras habitaciones. Contesto un par de correos y, cuando estoy listo, bajo al despacho de mi padre.
—Hijo —me saluda—, pasa, por favor.
—Buenos días —tomo asiento.
—Sé que es una decisión apresurada, pero esto nos ayudará con la economía del reino.
— Lo sé, pero aunque me comprometa, seguiré dirigiendo la red que opera de aquí a Valkvielh. -Es una red que yo creé y que la "asesina del hielo" ha estado estropeando.
— Bien, tenemos un trato. El viaje de las princesas llega hoy a las 9:00, se van a quedar cerca del palacio y en la tarde vendrán a conocerlos, así que, por favor, pórtense bien.
— De acuerdo, hasta luego —salgo del despacho y voy a mi habitación solo para encontrarme un casete en mi buzón. Lo inserté para verlo.
Mandé a un mercenario con un mensaje para encontrarme directo con la chica del hielo y en el video se ve cómo lo asesina, pero también cómo lee mi mensaje. Luego ve la cámara y la derriba.
Ahora solo debo esperar a las 12 del mediodía y estar a tiempo para recibir a las princesas.
Anyra
Vamos llegando a Thender luego de un largo viaje y algunas pausas. En una de ellas escapé y encontré a un hombre traficando perlas, pero tenía un mensaje para una "reunión".
Ahora estoy pensando cómo salir de aquí y verle por fin la cara al que está detrás de esto. Por supuesto, puede ser una trampa y por eso le pedí a Stef que consiguiera un pequeño dispositivo para que me monitoree mientras estoy en la reunión.
Al fin llegamos a nuestra casa temporal cerca de la del Duque. Una figura se acerca y veo que es mi padre el que entra a mi habitación.
—Hija, buenos días. Venía para informarte que a las 5:00 de la tarde será la reunión. Tienes la mañana para alistarte con tu hermana. Un guardia las llamará veinte minutos antes, ¿entendido?
—Sí, majestad —respondí.
Viene la parte difícil: irme con Stef al bosque, lugar donde se dará el encuentro con este hombre misterioso. Logré evadir a los guardias con la excusa de necesitar aire fresco, pero no pasará mucho tiempo antes de que me vayan a buscar. Ya en el bosque, busco a Stef en el interior de lo que parece ser una antigua cabaña.
—¡Hola, Any! —me saluda—. ¿Cómo te fue en el viaje? Espero que bien, pero no hay tiempo. Necesito que te pongas este broche en el pelo; así podré rastrearte y tener audio.
—Hola, Stef. ¿De dónde sacaste eso? ¿Y cómo viniste tan rápido desde allá?
—Son exportaciones del otro lado del mar; es algo llamado "tecnología". Partí durante la noche luego de enterarme de que vendrías, ya que supuse que me necesitarías.
—Muchas gracias. Espero que no sea una trampa y que, por fin, veamos quién está detrás.
—Eso espero. Solo ten cuidado y no tardes; al rey no le hará mucha gracia si llegas tarde a casa —dijo.
—Bien, vendré pronto. Deséame suerte.
Me despedí y fui a la ubicación de la nota: en el río del bosque. Esperé lo que me pareció una eternidad, pero solo fueron diez minutos hasta que dio el mediodía. Entonces, oí pisadas cerca, por lo que me aseguré la máscara para que no me reconociera. Apareció una figura con pelo negro y unos ojos grises, iguales a los de un zorro.
Retrocedí y empuñé mi confiable daga de hielo. Se forma un silencio tenso en el cual el hombre (no mucho mayor que yo) permaneció de pie. Al cabo de un momento, dijo:
—Así que tú eres la "Asesina de Hielo" —dijo receloso—. Pensé que no ibas a venir.
—Ve al punto. ¿Por qué estamos aquí? —dije con la voz más fría que pude.
—Quiero ofrecerte una tregua. Mis hombres no tienen la culpa de que el rey de tu preciado reino no les dé recursos a sus campesinos. Ellos pasan la frontera para hacer negocios y tú los matas para conseguir esos recursos que el rey no les da a su pueblo.
Los "recursos" que menciona son las perlas. Mi padre dice que solo la realeza las puede tener y priva al pueblo de ellas; por eso, yo me encargo de interceptar a los mercaderes y repartirlas al pueblo. La guerra entre Thender y Valkvielh siempre fue por estas, ya que se dan solo en el bosque de la frontera. Los hombres de este tipo se aprovechan del bosque y negocian con ellas para ganar dinero o poder.
—Así que... —continuó el desconocido— se ha estado rumoreando de una posible alianza entre mi reino y el tuyo. Si esto sucede, te ofrezco mi ayuda para repartir recursos a tu pueblo a cambio de tu ayuda.
—¿Qué tipo de ayuda? —pregunté. Si está ofreciéndome esto es porque quiere algo muy grande o es una trampa. Antes de responder, me analizó unos segundos. Creí que me había reconocido y tendría que escapar, pero sus siguientes palabras me confirmaron que no tenía idea de que yo era la princesa:
—Ayúdame a derrocar al rey Elrra.
Me paralicé un segundo.
—Sé que es tu rey, pero si robas para tu pueblo, está claro que no te agrada su forma de gobierno.
—¿Cómo sé que no es una trampa?
—Supongo que tendrás que confiar; y si no es en mí, confía en esto: necesito derrocar al rey para que, si la alianza funciona, mi pueblo no se quede sin recursos debido a las normas de tu soberano. También necesito que mis hombres vivan o me quedaré sin negocios —me explicó—. Tú necesitas que tu pueblo tenga recursos. Si nos deshacemos del rey y la tregua funciona, mis hombres trabajarán de forma legal y tu pueblo tendrá las perlas; así ya no tendrás que esconderte más.