La Tristeza del Diablo

Capítulo 3

Entrevista

 

— ¿Esta lista para la entrevista? —escribió.

De que me estaba hablando… ¿entrevista? Tenía muchas dudas en aquel momento y estas disiparon un poco el miedo…

— ¿Cuál entrevista? —respondí.

—La que me hará… así es el pacto.

— ¿Pacto?

—Sí, usted me invoco.

Nunca haría algo así—pensaba—, ¿Quién en su sano juicio invocaría al diablo?

—Yo no lo invoque.

—No, pero en su mente si y aquí estoy para contestar sus preguntas a cambio contestara las mías.

Todo esto me sonaba muy familiar, pensé por un momento y recordé aquel video… ¡Sí! Era exactamente igual… y la imagen…

— ¿Cuál será su primera pregunta?

No sabía que preguntar, es que aun ni siquiera podía asimilar este hablando con el… tenía muchas cosas en mi cabeza, pero al mismo tiempo ninguna…

—No sé… —Fue la respuesta más sincera que pude dar en aquel momento.

—Bueno, entonces comenzare yo…

Me parecía bien, aunque… que podría preguntarme, que será aquello que le causaría intriga a un ser como él.

— ¿Cuál será? —Estaba expectante.

— ¿Cómo se siente?

– ¿A qué se refiere?

— ¿Cómo se siente tener miedo?

— ¿Miedo?

—Sí…

Esto le causa intriga—Pensé—, No sabría cómo describirlo… ¿Por qué pregunta eso?

—Es que yo, no puedo sentir miedo… cuando fui creado, el miedo fue suprimido en mi ser, solo conozco el amor y la tristeza.

Quede sorprendida, aunque fuera algo tonto, tenía mucha lógica, algo tan cotidiano para nosotros era completamente incomprensible para él, es como si un ciego de nacimiento preguntase por como son los colores…

Intente ser lo más objetiva posible para poder responderle.

—El miedo es como un obstáculo… que a veces nos impide hacer ciertas cosas o tomar decisiones en algunos momentos por no obtener resultados buenos para nosotros, por ejemplo, sentir miedo a las alturas porque podemos caer y morir…

—Entiendo… muchas gracias.

Sentí que mi respuesta había sido muy satisfactoria para él, y ya tenía algunas ideas para preguntarle, a estas alturas el miedo que sentía se había transformado en intriga.

— ¿Qué edad tienes?

—El tiempo para nosotros es relativo, no existe, su precepción está basada en pasado, presente y futuro.

—Pero ¿Tienes un día en el que naciste?

—No un día, sino un momento, un instante como aquella luz emitida, un destello en el universo.

— Y ¿tienes un momento final?

—No.

—Entonces ¿Eres inmortal?

—No…

—No entiendo, dices que no tienes un momento final, pero tampoco eres inmortal, ¡te contradices! —Comenzaba a frustrarme por no comprender todo ello.

—Mi existencia no se basa en un estado físico o temporal, puedo existir hasta que su voluntad así lo desee.

—Cuando dices “su voluntad” ¿se refiere a Dios?

—A quien llaman Dios, si, el me creo y también puede destruirme.

—Y ¿Por qué no lo ha hecho?

—Porque me perdono… su amor por sus hijos es benévolo…

—Entonces ¿Puede volver con él?

—Sí, pero no lo hare.

— ¿Por qué? —Mi curiosidad estaba en aumento.

—Porque cometí el pecado más grande…

—Se refiere a ¿desafiarlo?

—En cierta manera, si…

—En la biblia dice que quería ser como él, que sintió envidia.

—Sí, así podría llamarse, quería ser igual a él.

—Pero ¿Igual en qué sentido?

—Hacer lo que él hizo.

—Se refiere a ¿La creación?

—Sí.

—Ósea… los demonios.

—En este mundo llaman así a mis hermanos, ángeles que se unieron a mí, mi envidia nos condujo a una guerra y fuimos desterrados…

—Me gustaría saber más sobre esa historia.

—Hoy no, acabo la entrevista.

— ¿Qué? ¿Tan pronto? ¿¡Hola!?

Escribía, pero ya no tenía respuesta y como por arte de magia, toda la conversación se borró en un parpadeo… observe la hora, y acababa de transcurrir un minuto, me frote los ojos creyendo que estaba mirando mal, confirme con la hora de mi laptop y efectivamente estaba correcta, el tiempo había transcurrido muy, muy lento, pareciese se hubiera detenido, deje mi teléfono a un lado, me quede pensando toda la noche en aquella conversación, las palabras divagaban por mi mente constantemente… sin contar el hecho que Lucifer había hablado conmigo, no podía contarle a nadie, no tenía pruebas y aunque las tuviera, nadie me creería… aun ni yo misma puedo creerlo completamente, ¿mi falta de sueño estará haciendo tenga estas alucinaciones? Me quede acostada repasando cada detalle de aquel acontecimiento, el reloj corría sin darme cuenta hasta que los rayos de luz se asomaban por entre las cortinas de mi ventana…




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