La tumba Añil

Capítulo 41: "Reuniones dolorosas"

En el capítulo anterior, Abeliel había aceptado la oferta de Seon, o más bien, la invitación de Seitán a una charla privada, lo que dejaba sin otros objetivos al lacayo de esa heredera, por lo que este muchacho hizo una reverencia antes de despedirse.

―En ese caso, me retiraré… ―Seon le dio la espalda, pero pareció arrepentirse en su retirada, por lo que esto llamó la atención de Abeliel, así que éste cambió su expresión a la par del comportamiento de éste―, aunque antes… ―regresó hacia él y le hizo un comentario―. Joven Abeliel, ¿usted no cree que el príncipe CN está actuando un poco…?

―¿Cuidadoso…? ―Abeliel no quería pensar mal sobre uno de los guardianes de la heredera de luz, en especial cuando ella lo tenía en tal alta estima; ésta misma le había manifestado la ciega confianza que le tenía, por lo que él también había decidido confiar en él, no obstante… también era verdad que no estaba dentro de ese círculo tan importante de ángeles, por lo tanto… suponía que Seon tenía sus razones para decir lo que decía, y aun así, le dio el beneficio de la duda.

―Jum… ―expresó con una risa ahogada, más luego, al cerrar un momento esos ojos agudos de reptil, no tardó en responder debido a la sencillez de este guerrero―. Podría decirse de esa manera también… ―volvió a su posición neutral, y ahora más relajado, pero no despejado de ideas―. Agradezco de nueva cuenta el que haya aceptado la reunión con mi alteza, ahora sí me voy; sea puntual por favor ―se reverenció―. Qué la gloria del supremo siempre le guie…

―… y que su poder bendiga su camino ―le regresó el gesto a Seon, y apenas Abeliel se enderezó, notó que éste ya no estaba. No obstante, las cosas estaban lejos de calmarse, porque pronto le llegó otro visitante; no era más que un ángel mensajero, quien le extendió la segunda carta, la cual tenía que ver con Leniel, pero así cómo este sujeto llegó, así mismo se marchó, puesto que cargaba con más cosas para entregar, de modo que una vez Abeliel quedó solo, Zelgadis regresó a las andadas al salir de la sombra de Abeliel, y no tardó en ser chismoso con él:

―¿Qué dice la carta? ―se inclinó sobre el hombro de Abeliel, el cual había abierto el sobre.

―Apenas lo estoy abriendo; no seas impaciente ―le pidió amablemente, y entonces comenzó a leer en voz alta para Zelgadis. Es aquí que descubrieron varios puntos; un resumen con las cosas más importantes sobre lo sucedido con el príncipe Lidciel, y a su vez, la implicación de Delfos en el caso, lo que dejaba un poco pasmado a Abeliel, quien no sabía cómo sentirse ante esta revelación, pero el que sí estaba emocionado por el nuevo reto, era Zelgadis:

―¡Wow! ¡Quién lo diría! ¡El maestro de las manecillas ha entrado a jugar! ―Zelgadis se enderezó con las manos en los bolsillos, y Abeliel lo miró un poco desconcertado, aunque si tenía en cuenta la perspicacia de este sujeto, debería saber ya que no era cualquiera en su especie.

―¿Entonces conoces a Delfos? ―preguntó sin siquiera fingir su asombro; no tenía motivos para ello.

―Claro. ¿Acaso hay alguien en el plano que no lo conozca? ―explicó con esa sonrisa tan atractiva suya―. Obviamente que nunca me lo he cruzado en persona ―luego murmuró para sí―. Al menos no así…

―¿Qué…? ―pero apenas soltó esto, Zelgadis fue más rápido en interrumpirlo, haciendo que la linda carita de Abeliel se pusiera tensa y lo mirara medio mal.

―¡Detalles! ―indicó con su tono de burla, así que… como Abeliel sabía sobre la personalidad de Zelgadis, desestimó su respuesta, por lo que volvió a la carta y entonces dijo:

―Como sea, al parecer de momento tenemos el permiso de averiguar por nuestra cuenta, y por otro lado… lo que dijiste antes… ―su rostro se suavizó al mirar a Zelgadis―. ¿Estás al tanto de mi misión sobre Solventa?

―Han hablado sobre ello delante de mí estando en tu sombra, o al menos he rescatado fragmentos de esa información ―le explicó―, y por lo que entiendo, deben salvarla, ¿no es así?

―Sí… ―dijo entre cerrando los ojos este rubio, para entonces bajar un segundo la mirada algo cansado de todo―, también debemos demostrar la inocencia de Kadmiel, Solventa, Dinariel y Jofiel, ante la trampa que puso el heredero oscuro en el juicio que tuvimos contra él ―advirtió mientras se reponía, demostrándole a Zelgadis que no era un ser que necesitase de consuelo todo el tiempo, es entonces que entre ambos empezaron a dirigirse caminando hacia su próximo objetivo―. Logramos tener una victoria a un alto costo, y ahora corre peligro nuestro honor.

―¿El de todos los avatares y sus guardianes, o solo el de los que se equivocaron? ―preguntó Zelgadis, quien se detuvo un momento para recibir una respuesta más detallada de parte de Abeliel; prefería en este momento obtener un panorama más claro sobre lo que estaban confrontando en conjunto, porque… entendía que el heredero se las había jugado, pero no a qué nivel… además, quería constatar también si Abeliel tenía sus prioridades bien claras, porque esperaba que no estuviera haciendo todo esto por mero impulso, así que Zelgadis se cruzó de brazos y recibió una respuesta:

―Zelgadis… ―suspiró ya cansado este ángel, y entonces volteó a ver a éste armándose de paciencia―. Dijiste que me acompañarías en todo lo que hiciera falta, ¿ahora te arrepientes?

―No lo hago, simplemente quiero saber si estás seguro de querer arriesgarte por algo así ―la expresión de Zelgadis era sincera; no había un dejo de burla en él.

―Bien… Entonces responderé a tu pregunta. No quiero tener arrepentimientos al respecto; podría simplemente librarme; hacerme el tonto, pero también existe esto de la fidelidad entre compañeros, e imagino que eso al menos lo entiendes entre nosotros, pues he visto que no me has mentido hasta ahora, solo ocultado verdades… ―le dijo con el ceño un poco fruncido a lo que Zelgadis sonrió nervioso y se rascó la cabeza mirando a otro lado.

―Tienes razón… En eso no puedo refutar…

―¿Ves? ¿Entonces porque te opones a ayudar a otros aparte de mí? ―le consultó acercándose un poco a él.




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