La tumba Añil

Capítulo 42: "Sudor y traición"

La información que les había brindado Taruis sobre sus compañeros, hizo abrir bastante los ojos al trío. ¿A Abeliel…? ¿Con qué motivo? Si bien al principio no le encontraron la vuelta, recordaron algo sumamente importante qué les había dicho Delfos; Abeliel tenía un vínculo con Seitán; un vínculo que parecían subestimar, pero del que quizás se percataron sus otros dos camaradas, de modo que iban a buscarlo para pedirle algún favor al respecto, pero… ¿el qué…? Es de este modo que les tocaría empezar a sacar conjeturas.

—Le agradezco su colaboración, excelencia de las estrellas. Todo lo que nos ha contado nos servirá sin lugar a dudas —dice Leniel haciendo una leve reverencia, a lo que Taruis asiente al respecto sintiendo un poco de dudas después de eso.

—¿Entonces ya se retirarán?

—Sí, por eso hemos de dividir caminos por ahora… así que… —ella hace una reverencia, y sus otros dos guardianes la imitan—. Qué la gloria del supremo siempre le guíe excelencia de las estrellas…

—… y que su poder bendiga su camino avatar de viento —señala Taruis llevándose ambas manos al pecho, para más tarde, observar cómo esos tres individuos se retiran por su cuenta. Es así que unos minutos después, cuando abandonan el torrente de las estrellas, el trío se frena en sus puertas con los pies formando ondas debajo suyo mientras se ponen a charlar.

—Mi señorita… disculpe mi repentino comentario, pero… ¿cree que alguien ha secuestrado o hecho algo con Dinariel y Jofiel en este lapso de tiempo? —pregunta Kadmiel al tener en cuenta los datos que poseen.

—Es lo más probable… si no, ¿cuál sería el objetivo de impedirles hablar con Abeliel? Quizás Abeliel sea la solución a todo este caos que hemos estado sufriendo con Solventa. Sin embargo… —dice Leniel haciendo una pausa pensativa.

—¿Sin embargo…? —repite Kadmiel mirándola intrigado.

—Nada asegura de que Abeliel realmente sea la solución que necesitamos, aunque tampoco podemos negar que quizás él piense en lo mismo que llegó a pensar ahora mismo Dinariel y Jofiel —dice ella enderezándose y abandonando de esta manera la pose anterior.

—¿Entonces cree que Abeliel ha ido a hablar con la heredera de luz para desentrañar todo esto? —pregunta Kadmiel, y Alaniel entonces llama la atención aplaudiendo, es aquí que dice lo siguiente con lenguaje de señas:

—“En ese caso, puede que Abeliel nos ahorre tiempo” —a lo que Leniel asiente.

—Sí, mientras tanto solo queda esperar noticias de él, y también movernos nosotros mismos para ir a ver qué es lo que sucede en la tierra Luminaria, el hogar de Taruis.

—¿Cree que podremos encontrar alguna pista sobre Delfos o nuestros compañeros allí? —menciona Kadmiel, a lo que Leniel aclara:

—No tenemos idea de qué ha sucedido con Dinariel y Jofiel… pero intuyo que, si seguimos la pista detrás de Delfos, podremos dar con ellos tarde o temprano, después de todo, nuestros compañeros fueron con él antes de desaparecer —asegura.

—“¡Entonces hay que dirigirnos ahí rápido!” —señala Alaniel, y los otros dos compañeros asienten.

—¡Hacia la tierra Luminaria, ahora! —ordena Leniel.

***

Los mensajes aún estaban cruzando el viento, mientras las lycoris (la planta de los muertos) se mecía en tierras que no eran terrenales pertenecientes también al metal de sueños, paisaje que CN observaba en su trayecto para ir en busca del heredero. Qué CN fuera parte de los siete ángeles guardianes bajo las órdenes de Seitán, tenía sus ventajas, y una de esas era que podía moverse libremente en tierras prohibidas, es decir… dentro de los territorios del heredero oscuro, además… si él hubiese sido un ángel común, sin lugar a dudas, al ser apenas detectado, su existencia se vería comprometida por alguno de los lacayos de éste o incluso, por el mismo Belial, quien no aceptaba este tipo de visitas por ningún motivo. Por lo tanto, y contando con esta ventaja, lo único que debería hacer ahora CN era ir al encuentro con este mandatario, quien se encontraba en el plano denominado como: “División de reyes”; para este nombre no había un significado claro, pero lo que sí podía encontrarse a primeros pasos, era una tierra verde de pasto corto que no crecía a más de un centímetro, envuelta por bancos de nieblas y estatuas de bestias caídas corroídas por la lluvia acida que caía de vez en cuando sobre las mismas, además, curiosamente las lycoris llegaban hasta aquí, denotando la conexión entre los planos sobrenaturales, para crecer debajo de esas dañadas figuras como si los usasen de hogar; era como ver tumbas de otros que quisieron alguna vez ser dioses y no lo lograron… Es así que, luego de desagradar un poco esta escena, CN siguió adelante, encontrándose con una enorme edificación de piedra de granito, que tomaba la forma de un imponente castillo que tenía tantas ventanas como habitaciones, pero que el único inquilino de dicha obra era solo uno: el producto de las tinieblas.

Imagen del castillo perteneciente al heredero oscuro.

Es así que, CN estiró su mano para abrir las enormes puertas de madera lisa, las cuales estaban impecables pese a la lluvia de desgracias que caía en la zona y, hablando de ella, ésta se manifestó junto a un trueno al poco tiempo de que ingresó al castillo, escuchando entonces cómo sus pasos retumbaban en eco sobre las paredes de piedra gracias así también al enorme espacio que cernía allí. A todo esto, no pasó tanto tiempo como para que alguien lo recibiera.

—Parece que la tormenta ha traído otra tormenta… —dijo una voz burlona, la cual dio con el dichoso dueño cuando CN levantó la vista: no era otro que Hangra, aquel general infernal que también era amigo del heredero oscuro.




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