La tumba Añil

Capítulo 45: "El peso de amar"

Como había sucedido hasta ahora, las cosas parecían más claras pero a la vez, seguía viéndose las aguas de la fuente muy turbias, asemejándose a la arena que no refleja ni a la luna. Y hablando de lunas… Seitán no podía evitar sentirse de alguna forma… excluida de este mundo. ¿Cómo era posible que contra toda posibilidad, Zelgadis hubiese hecho un juramento por Abeliel teniendo en cuenta lo que le había contado? Bueno, si algo era evidente, Zelgadis estaba dispuesto a exponerse solo por Abeliel, y eso significaba mucho, después de todo, se había mostrado delante suyo. A todo esto, la charla no había terminado del todo pese a que Seitán guardó silencio esperando por una despedida en lo que los analizaba, pues aún necesitaban saber estos dos una cosa.

—Por cierto, antes de irnos, ¿qué estaríamos buscando exactamente si no son rastros de energía del responsable? —inquirió Abeliel, y Seitán iba a informar, pero Zelgadis le quitó las palabras de la boca.

—Probablemente tenga que ver con la energía vital —Seitán se sorprendió, y Abeliel miró con curiosidad a Zelgadis, quien se siguió explicando—. La energía vital y la energía espiritual no tienen nada que ver la una con la otra, solo hasta cierto punto. Si bien los rastros espirituales dejan una huella del ser como su información actual, la vital tiene una conexión más drástica con el ser, otorgando datos incluso de sus anteriores reencarnaciones.

—¿Existe semejante información? —dice parpadeando el rubio con los labios entre abiertos por semejante revelación; jamás se hubiese imaginado que algo tan importante pudiese dejar algún tipo de rastro, y he aquí que Seitán intervino:

—Sí… pero es información mucho más específica e imborrable… Equivale lo mismo que un girón del alma —añadió como detalle Seitán, sumando más al seguir hablando—. Los girones, son fragmentos del alma; un trozo de la misma.

—Si es tan importante… ¿cómo es posible que éste deje rastros de algún tipo? —consultó Abeliel, a lo que, Seitán con expresión cansada lo iluminó:

—La energía vital equivale, al tiempo de existencia en el plano. Ocupa no solo la información básica y profunda de reencarnaciones anteriores, sino que también se usa para llevar a cabo en rituales qué exigen un tiempo módico de vida —a lo que Zelgadis sonríe divertido por esto para luego soltar un comentario:

—Yo nunca usaría mi tiempo, el cual es tan valioso para ese tipo de rituales, solo alguien que realmente le sobre tal, puede llevarlo a cabo —indicó con un ademán despectivo, a lo que Seitán suspiró al respecto y entonces siguió con su monólogo:

—Por eso has dicho que solo podría ser llevado a cabo por oráculos, ángeles o demonios lo suficientemente poderosos… —entendió por fin Abeliel, a lo que Seitán asintió.

—No cualquiera puede hacerlo —aseveró Seitán.

—O se anima a hacerlo… —añadió Zelgadis, quien se llevó una mano a la barbilla mientras escrudiñaba en sus pensamientos, las posibilidades que se le planteaban. En este momento tenían como sospechosos a Delfos y al heredero oscuro, quien estuvo involucrado en el juicio, pero Zelgadis no sabía más detalles al respecto, así que no podía dar su opinión completa, pero tenía una idea de lo que podría decir de estos dos, aunque… no lo haría delante de Seitán.

—Por otro lado… —Seitán habló seguido de Zelgadis, e intentó indagar al personaje—. Zelgadis… —pero no terminó de hablar, porque el albino levantó su mano deteniendo así a Seitán, quien abrió sus ojos añiles más de la cuenta por su atrevido proceder.

—Me temo que la entrevista llega hasta aquí —indicó Zel con su carismática sonrisa.

—¡Pero…! —Seitán dio un paso hacia delante en señal de reproche, y Zelgadis volvió a cortar su oración:

—Tu subordinado más fiel está llegando aquí, y no voy a permitir que me vea, además… por su respiración, diría que te trae noticias sobre algo importante —le explicó este peliblanco, dejando también impresionado a Abeliel.

—¿Y cómo es que no te has ocultado todavía? —soltó el rubio.

—Porque aún está cruzando el tercer universo, la sexta estrella —ambos se quedaron estáticos ante la notificación…

—No puede ser… esa distancia… —tartamudeó Abeliel.

—Nosotros estamos en el quinto universo en su octava estrella… —dice ella poniéndose completamente seria—. ¿Tan inmenso es tu poder…? —a lo cual Zelgadis sonríe con los ojos.

—¿Qué puedo decir…? Soy todo un espécimen —se expresó con elocuencia, a lo que los otros dos suspiraron al unísono, haciendo reír a Zelgadis, pues sabían que no podrían sonsacarle nada.

—Como sea… Será mejor que nos vayamos, al fin de cuentas el tiempo es vital para Solventa. Lamento que no podamos quedarnos más, Seitán —indicó Abeliel con expresión estresada a lo que ella asintió y le sonrió apenas.

—No pasa nada… de todas formas yo también estoy ocupada, pero sabes que puedes venir a solicitar mi ayuda cuando quieras, después de todo, por algo te he dado ese pase —le explicó a lo que Zelgadis miró la interacción de forma minuciosa mientras se llevaba las manos detrás de la nuca.

—Sí, y se lo agradezco, por lo que será algo que tendré en cuenta. Así que… cuídese y que la gloria del supremo siempre le guíe… —dijo él haciendo una reverencia, a lo que Seitán asintió.

—… y que su poder bendiga tu camino —completó Seitán con amabilidad, de ahí le echó una última mirada a Zelgadis, quien le sonrió con un poco de burla en su expresión para luego desaparecer en la sombra de Abeliel. Es de este modo cómo ambos se desligaron de ella, quedando entonces ésta sola.

Unos minutos más tarde, CN apareció delante de Seitán, tal como lo predijo Zelgadis, con su respiración entre cortada, y con sus signos vitales yendo y viniendo a mil por hora; esta visión daba a entender que se había apresurado a la hora de traspasar la conexión complicada entre planos, porque si hubiese estado con la mente relajada, quizás lo hubiera visto mucho más tarde, no obstante, éste había apresurado su juicio para con ella, al acelerar su paso con inconsciencia en un intento por calmar su alterado espíritu. En consecuencia, se vio obligado a tomarse unos segundos para adaptarse al nuevo panorama, y Seitán se aprovechó para examinar con tiempo su condición pálida como desalineada.




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