La tumba Añil

Capítulo 47: "La belleza olvidada..."

El tiempo seguía corriendo y, los primeros rayos del crepúsculo se reflejaban en tonos naranjas, haciendo que los árboles mezclados con colores platinados lo reflejaran creando una extraña reacción prismática de diversos colores; algo muy hermoso para quienes no estuvieran acostumbrados a lo que era habitar cerca del templo del nacimiento, pero… Seitán no estaba ahora allí. Después de haber saldado su cita con Zelgadis y Abeliel, ella se internó en las profundidades del bosque de ortiga, así se le terminó llamando a éste después del incidente con las formaciones umbrosas, las cuales, alguna que otra vez seguían surgiendo en ese mismo lugar, pero de manera más equilibrada; ya no era el heredero el que lo provocaba.

El paisaje, un poco más natural que otros planos en los que antes hubiesen estado, se palpaba de un color musgo hasta en los troncos de los árboles. Todo pertenecía a ese verde vomitivo, y no se le escapaba nada, ni siquiera las flores salvajes, excepto Seitán, que destacaba por su vestido de color esmeralda haciendo contraste al desanimado dibujo de sus alrededores. Ella, caminaba decidida entre la pestilencia de ese plano, desmembrando a alguno que otro demonio de las formaciones umbrosas que llegaban a cruzar los planos, hasta que por fin, llegó a la anterior zona de batalla, donde su dimensión aún no se había encargado de consumir los cuerpos de esos demonios que Zelgadis había derrotado.

—Qué poder tan destructivo tiene ese ser… —susurró para sí Seitán observando la masacre no disuelta, pero su fijación por los cadáveres no duró mucho, porque ella enseguida recordó para lo que había venido, y eso era… su preciado broche. Sin embargo, los cuerpos de esos demonios estaban en el camino, por lo que no tuvo otra opción que acelerar la función que cumplía el plano, entonces estiró la mano, y con una luz que zumbaba, envolvió entre suaves ondas a los caídos, y éstos empezaron a desaparecer como si solo hubiesen sido una ilusión, por lo que, una vez hecho este acto, Seitán bajó su mano y se posicionó en medio del claro donde la noche aún no posaba su sombra—. Debería estar por aquí… —ella estuvo un muy buen rato escudriñando, hasta que por fin, el ligero titilar que le envió la pieza desde la lejanía con los escasos rayos del sol que quedaban, le llamaron la atención, y entonces, fue corriendo a su encuentro, pero apenas sus dedos recuperaron su tesoro de entre la tierra manchada de sangre, una presencia estremecedora, se manifestó.

—La gran heredera de luz, reducida a esto… —la voz era profunda y resonaba entre cada pieza de madera o hoja que allí había, provocando que por un instante los ojos de Seitán se descolocaran, para luego, observar al individuo que la acechaba por encima de su hombro. Es aquí que discernió al rey oscuro apoyado contra el tronco de un árbol que comenzaba a marchitarse. Un hombre alto, hermoso, de cabellos ondulados, con un mechón rojo en medio de su fleco, que encima lo acompañaba un profundo y oscuro azul en los ojos. En cuanto a sus ropas, éstas estaban hechas del más fino diseño oriental, que variaba entre cadenas de grises y oscuros, colores que lo identificaban bien.

—Oscuro… —masculló—, ¿por qué estás aquí? —Seitán se reincorporó hacia su dirección sosteniendo ahora el broche contra su pecho.

—Pensé en hacerte un poco de compañía… heredera, mientras mi hijo se toma el tiempo de resolver… sus asuntos, claro —le responde con la debida ironía, y se despega del árbol para acercarse con pasos confiados hacia ella.

—Su acción es totalmente innecesaria… —indicó la albina retrocediendo un paso inconscientemente, acto que hizo detener al oscuro, y que le produjo una sonrisa divertida por todo el rostro.

—¿De verdad…? —aquí su contrario cerró un momento los ojos, e instintivamente realizó un giro con su muñeca, haciendo que su mano terminara sobre su torso de forma elegante, para entonces inclinarse sobre sí mismo—, me temo que cuando se dé cuenta de que mi charla es incluso más estimulante que la de mi hijo o de su guerrero más cercano… ¿cómo era que se llamaba…? ¡Ah sí!, Abeliel, entonces no podrá rechazarme —él se enderezó y guardó sus manos dentro de las mangas largas de su vestimenta en lo que la observaba con orgullo ancestral.

—¿Enserio no planea marcharse? —le dice Seitán insistiendo en su posición, y permaneciendo en su lugar con una mayor dignidad, mientras que el otro, negó suavemente con la cabeza y entonces empezó a caminar a su alrededor con una peligrosa lentitud, para colmo, en cada paso que daba, deterioraba todo rastro de vegetación que se le atravesaba, comprendiéndose así que su energía era la más densa de todas.

—Ignoraré esta pregunta, e iré directamente a lo importante —hubo un momento en su claro depredar, que el oscuro se pausó y entonces, a espaldas de la líder de la luz se acercó de sopetón para susurrarle en la nuca con la mayor y más suave de las malicias—. ¿Acaso sabes el por qué tu prometido te pidió que esperaras y no acudió a tu llamado enseguida…? —Seitán se tensó por la cercanía, y para sorpresa de ella, él pasó su mano enguantada por entre sus níveos cabellos, logrando apenas rosar su cuello, en donde para colmo, éste aspiró el perfume de la muchacha que le supo a gloria, no porque le deseara de forma indecente, sino porque percibía la inquietud que salía de sus poros, y para desilusión del que la acosaba, Seitán se apartó como era de esperarse. Sin embargo, al intentar mantener el semblante tranquilo que la caracterizaba, la simple acción de voltear rápidamente hacia él, para entonces llevarse una mano al cuello, dejó en claro lo vulnerable que se sentía en ese momento.

—Es claro que por ahora no soy su prioridad… —declaró ella con una mueca que apenas llegaba a ser perceptible para el oscuro. Y pese a los esfuerzos de esta líder, aquel mandatario, quien dejó salir una risita baja por dicho comentario, bajó su mano que había quedado posando en el aire, para así llevársela a la cadera haciendo resaltar su porte real.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.