La tumba Añil

Capítulo 50: "Acomplejados"

El amanecer del sexto día estaba a punto de vislumbrarse para el trío angelical, aunque… dentro de las frías rocas de esa cueva no se vería caer ni un solo rayo de sol, porque en lugar de eso, las llamas que la entidad falsa de Altair estaba soltando, eran lo suficientemente calientes como para hacer sudar el hielo e iluminar más violentamente de un verde desagradable la cueva.

—¡Todos en guardia! ¡Alaniel no te separes de nosotros! —advirtió Leniel.

—¡Ah! —Altair al segundo siguiente, atacó con una gran llamarada contra el avatar de viento y los guardianes, a lo que Leniel y Kadmiel rápidamente reaccionaron; Kadmiel desenvainó su espada usando magia elemental de fuego mientras intensificaba su poder gracias a su arete, llevándolo así a su máxima potencia por la intensidad de su brillo, con la intención de hacer de apoyo para el escudo que había hecho Leniel alrededor de ellos, mientras que Leniel combinó su proceder con el de él desplegando viento para fortalecer el escudo e intentar repeler el ataque de Altair, el cual no cedía.

—“¡Qué poder!” —gritó a sus adentros Alaniel, quien estaba detrás de sus amigos, llevándose el antebrazo para cubrirse una parte del rostro en lo que se veía obligado a agacharse por el choque de fuerzas, en especial por la forma en que las llamas se desplegaban con el cuidado de no quemar los sellos; una señal del nivel que manejaba este impostor.

—¡Quién rayos eres! ¡Responde! —exigió saber Leniel aguantando junto a Kadmiel.

—No estás en posición de hacer preguntas, avatar de viento… —Altair retrotrajo un poco su mano y volvió a extenderla liberando más presión sobre ellos, la cual no pudieron aguantar. Un segundo después, el escudo que utilizaban desde que entraron, se desquebrajó primero, y terminó por producir una explosión ahogada que los expulsó hacia atrás a los tres que enfrentaban a este embaucador. De inmediato, tanto Leniel, como Alaniel chocaron con sus espaldas contra paredes diferentes, e inevitablemente se deslizaron hacia el suelo, pero Kadmiel reaccionó antes de ser expulsado también, por lo que clavó su katana sobre el hielo, dejando un camino cuando apenas fue empujado por la fogosa embestida verdosa, de ahí, Kadmiel tiró de la empuñadura para liberarla del hielo y entonces, se lanzó de un salto envolviendo su espada con energía de fuego elemental, pero antes de atinar un golpe, el aura anormal de Altair soltó un zarpazo contra él, y lo derribó también contra otra de las paredes heladas, para entonces rebotar de allí al suelo; había sido un golpe duro.

—¡Kadmiel! —Leniel levantó la cabeza con dificultad, y observó primero a Kadmiel, pero un brillo cerca de ellos le llamó más la atención, dándose aquí cuenta que los pilares de hielo empezaron a destellar, lo que significaba que la magia de la montaña iba a entrar en acción contra ellos, por lo que debería apresurarse y restablecer su protección, pero cuando iba a hacerlo, su cuerpo se inmovilizó por una fuerza que no podía comprender—. ¿Qué es esto…? —gruñó el avatar de viento, y miró a Altair, quien permanecía en posición.

—Es una atadura temporal… no te permitirá moverte, al menos… —las placas de hielo brillaron ferozmente, y Altair las miró de reojo—, hasta que esas cosas los absorban a los tres.

La mirada de Altair los observaba con esa prepotencia inicial, y con el aterrador azul de sus ojos en lo que Kadmiel intentaba recomponerse, en lo que Alaniel yacía inconsciente al otro lado, por último, Leniel, quien estaba inmovilizada, de alguna forma, antes de que los cristales helados los absorbieran, chilló fuertemente con frustración, y Altair apagó sus propias llamas viendo cómo los espejos de la montaña se apagaban para volver a la normalidad. Después de que el avatar de viento fuese derrotado junto a sus guardianes, en la superficie de esos cristales no se reflejaba nada; absolutamente nada; no había quedado ningún rastro de esos tres personajes que antes intentaron frustrar los planes de ambos villanos.

—Y eso ha sido todo por ahora… —señaló otra voz, la cual hizo voltear la cabeza de Altair detrás de él.

—Maestro… —le llamó el rubio.

—No necesitas fingir aquí adentro conmigo —explicó el falso Delfos, adentrándose al ritual que había quedado deformado por culpa de los intrusos—. El avatar de viento es realmente muy eficiente… Mira hasta donde ha llegado en su investigación, y hasta logró gritar antes de ser sellada en las memorias eternas de la montaña.

—Tiene razón… mi hechizo que se asemeja al dueño original de este cuerpo, no dio el resultado que esperaba… —dijo el impostor que se hacía llamar Altair.

—No importa. Quizás la fuerza que hemos heredado de los originales es más que suficiente como para hacer temblar los planos, ahora solo tenemos que seguir con el plan original. Los retendremos lo suficiente como para que las rosas colapsen por sí mismas —Delfos levantó su mano y tomó unos de los huesos—. Yo arreglaré esto antes de que esa zorra empiece a detectar que algo grave pasa —el peliverde giró su cabeza para ver por encima de su hombro al rubio—. Ve a terminar con la vida de esa chica. Una vez acabes… ya prácticamente tendremos todo asegurado.

—¡Sí! —asintió.

***

Dentro de las montañas del miedo al hielo eterno, se intentaba mantener debajo de la nieve e intensas tormentas una verdad catastrófica, pero por el lado de Taruis, dentro del torrente de las estrellas, ella sintió un golpe absoluto en su cuerpo, el cual tuvo que ver con el universo mismo, lo cual significó que millones de constelaciones la invadieran con una abrumadora intensión: mostrarle parte de ese futuro catastrófico que había dejado atrás en la aldea Luminaria gracias a su falso maestro. No obstante, ella no estaba controlando del todo este bombardeo, no porque no tuviese la capacidad, sino porque todo fue tan abrupto, que la mareó, de modo que terminó arrodillada en el suelo con ambas manos sobre la cabeza, sintiendo cómo ésta desbordaba de información que no podía procesar tan rápido.




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