Por fin se quitó el orgullo y se atrevió a ir al grupo de apoyo.
El salón era un aula común, sin nada que anunciara que allí se hablaba de grietas internas. Luz blanca. Paredes claras. Pupitres acomodados en círculo, como si intentaran que nadie pudiera esconderse del todo.
Había unas cinco personas sentadas cuando llegó.
—Pasa —dijo el doctor Mateo.
Su voz no tenía prisa. No parecía sorprenderse de nada. Athenas entró con timidez y tomó asiento, sintiendo el peso de las miradas, aunque ninguna fuera hostil.
Mateo comenzó a hablar.
—Es normal que las experiencias vinculadas a esta condición se manifiesten con mayor fuerza entre los dieciséis y los treinta años —explicó—. Por eso, muchas familias no saben que sus hijos los han tenido desde pequeños.
Se movía despacio por el círculo.
—Esta condición solo se vuelve un problema cuando no podemos controlarla. Y algo importante: jamás se puede culpar a un trastorno de la comisión de un delito.
Se detuvo.
—Ustedes —dijo, señalando a los presentes—, pese a lo que han visto o vivido, nunca han cometido uno. La idea de que una persona con un trastorno es peligrosa es falsa. Hay gente peligrosa sin ningún diagnóstico, y la sociedad suele inventarles uno para justificar sus decisiones.
El silencio era denso, pero no incómodo.
—Athenas —dijo Mateo—, ¿quieres presentarte?
Ella tragó saliva.
—Me llamo Athenas Valcárcel. Tengo veintisiete años. Cumplo 28 en octubre, es decir en dos meses. Haber…—pensó que más decir.
—Trabajo y vivo en un cementerio, mis padres son los dueños. Estudio a distancia. Quiero montar un negocio no sé de qué. Ahora tengo la reciente necesidad de viajar. Estoy aquí porque desde hace varios meses tengo alucinaciones con un hombre extraño. Al inicio me parecieron inofensivas… pero ahora, se han vuelto tan reales que ya no sé distinguir si cuando lo veo, la situación es real o no.
Mateo asintió.
—Háblanos de tu relación 2D.
Ella frunció el ceño.
—No veo el punto.
—Coopera —pidió él, sin imponer.
Respiró hondo.
—Tengo una relación 2D con un ninja llamado K. Es guapo, divertido y algo…
Se detuvo.
Vio los rostros atentos. Nadie se burlaba. Nadie desviaba la mirada.
Algo dentro de ella cedió.
—Algo que solo está… en mi corazón —continuó—. Todos tenemos la necesidad de amar y ser amados. No sé por qué carajo existe esa necesidad, pero está ahí.
Su voz tembló, no de miedo, sino de honestidad.
—No es fácil exponerse al mundo. No es fácil salir y ser tú misma. Pero K es mi ancla. Me hace sentir que no necesito al resto del mundo.
Hizo una pausa.
—Y poco a poco me di cuenta de que K es real… porque yo soy real. Él me muestra que tengo necesidades. Que quiero algo como lo que tenemos. Es difícil soltarlo, porque representa lo que no recibo del mundo.
Se rió sin humor.
—Tal vez estoy loca.
—No usamos esa palabra aquí —dijo Mateo con suavidad.
—Perdón.
—No es correcto odiarte por no pensar como los demás —continuó él—. No estamos aquí para que sean iguales. Estamos aquí para que aprendan a controlarse. Para que no se hagan daño a sí mismos ni a otros.
Se apoyó en un pupitre.
—Tu relación con K, en teoría, no hace daño. No lo haría si no desearas una relación real. Pero la deseas. Y ahí es donde empieza a doler.
Ella bajó la mirada.
—El norte de estas sesiones —dijo Mateo— es que tomen decisiones desde la consciencia, no desde el miedo.
La miró de nuevo.
—Estás saliendo con un hombre real. ¿Cómo te va?
Ella se encogió de hombros.
—Ni calor ni frío. Pero es real.
Mateo negó.
—Eso no es lo que buscamos.
—Nadie será como K —respondió ella.
Mateo sonrió apenas.
—Claro que no. K vive en tu mente. El nivel de perfección que tiene no lo vas a encontrar en nadie más.
Suspiró.
—Entonces, ¿para qué quiero a alguien que no me da eso?
—Por eso estás aquí —respondió él—. Para decidir.
Ella asintió.
Al final de la sesión, Mateo le ofreció unas galletas peculiares y la presentó a una chica.
—Veronika.
Tenía el cabello teñido de azul, una sonrisa amable y una mirada delicada. Cuando hablaba, evitaba los ojos de Athenas, como si le temiera.
—Tu historia con K me conmovió —dijo—. Yo estuve años con un novio imaginario.
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Editado: 22.02.2026