Ir al centro comercial con Veronika se sintió… bonito.
Un bonito sencillo, sin expectativas. De esos que nunca había tenido. Nunca había salido así con alguien de su edad, haciendo cosas que se suponía que hacían las mujeres de su edad.
Compraron un helado y se sentaron en una banca, observando a la gente pasar como si fueran parte de un mundo al que recién las hubieran invitado.
—Yo estudié en un colegio público —dijo Athenas, después de un rato—. No tuve muchos amigos. Me hacían bullying porque me gustaba el anime. Siempre me decían tonta.
Veronika la escuchaba sin interrumpir.
—Me aislé —continuó—. Me refugié mucho en mis padres. Y ahí… empecé a crear mi relación con K.
Veronika asintió lentamente.
—A mí me pasó algo parecido. Soy huérfana —corrigió—. De niña me sentía sola en el orfanato. Jugaba sola, hablaba sola. Los otros niños se burlaban. Lloraba mucho.
—Nunca me adoptaron —siguió Veronika—. A los dieciocho me fui. Viví sola. Trabajé de camarera en un restaurante. El líder de la banda… era el hijo del dueño.
Sonrió con tristeza.
—Se hicieron famosos a nivel nacional. Yo estaba muy enamorada de él. En mi mente teníamos una relación. Luego se casó.
—Lo siento —murmuró Athenas.
—Desde entonces he tenido trabajos así —dijo Veronika—. Ahora tengo veintiséis. Me gustaría algo más con mi vida… pero no tengo dinero para dejar de trabajar de camarera o en un centro de atención telefónica.
—Vivir sola debe ser difícil.
Veronika se encogió de hombros.
—Para personas como nosotras no existe la soledad absoluta.
Entonces Athenas alza la vista.
En una banca, un poco más allá, Cyan. estaba sentado leyendo un libro.
El corazón le dio un golpe seco.
—Veronika… —susurró—. ¿Ves a ese hombre?
Veronika miró.
—Sí.
Veronika lo inspecciona a la distancia.
—Ese hombre… no es real.
Concluyó con seguridad.
—¿Por qué lo dices? — Pregunta Athenas pasmada.
—Claro que no —respondió Veronika, muy tranquila —Es demasiado guapo.
Eso la hizo soltar una risa nerviosa.
Cyan levantó la mirada. Sonrió. Y saludó con la mano.
—Rayos… —murmuró Athenas.
—Hay que saludarlo —dijo Veronika.
Antes de que pudiera negarse, la tomó de la mano y la llevó hasta él.
—Hola —dijo Cyan—. ¿Cómo están?
—Bien —respondió Athenas—. Yo… quería pedirte disculpas por la otra vez. Me siento avergonzada. Solo querías ayudar y yo fui… rara.
Cyan rió suavemente.
—Está bien. Lo importante es que estés bien.
—Ella es Veronika —dijo Athenas.
—Un gusto —dijo Cyan, poniéndose de pie.
—Es bueno ir a lugares nuevos de vez en cuando —añadió él.
—¿El centro comercial es nuevo para ti? —preguntó Athenas.
—A veces siento que no puedo ir a muchas partes —respondió.
Sus ojos se detuvieron en la camiseta que Veronika tenia puesta.
—¿También te gusta el anime?
—Sí —dijo ella—. Pero no tengo relaciones con los personajes. Solo me gustan.
—Eso es interesante —comentó Cyan.
Se despidió con un gesto amable y se fue.
Athenas lo siguió con la mirada.
—Se ve muy real —dijo Veronika.
—Sí… pero mis alucinaciones con él no son normales.
—Con lo guapo que es, cualquiera alucina —bromeó—. Yo tendré una esta noche.
—No quieres eso —rió Athenas—. Cyan es oscuro. Tenebroso.
—Mis favoritos.
—A mí me gustan más… tipo K.
—Relájate —dijo Veronika—. K es el novio de muchas. Deberías buscarte uno nuevo. ¿Deidi, por ejemplo? Del universo de K.
—Bueno… sí. Pero es complicado. Se muere. Y no quiero relaciones con hombres que se mueren.
Veronika suspiró dramáticamente.
—Eso reduce mucho las opciones. Los guapos siempre mueren. Como si los mangakas los odiaran por ser tan bellos.
Athenas rió.
Pero mientras lo hacía, algo vino a su mente.
Cyan siempre estaba solo. Se preguntaba que clase de vida social tendría.
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Editado: 22.02.2026