Esa mañana, recibió el papeleo de un nuevo entierro.
Su padre le entregó la hoja con la rutina de siempre, pero algo le llamó la atención: la tumba asignada era la misma donde Cyan había colocado las flores. Ella lo sabía por que la tenía marcada.
Ellos no elegían los nichos. Eso siempre lo decidían los familiares.
Sintió un leve nudo en el estómago.
—Pa, yo me voy a encargar de este entierro — dice leyendo los datos de la difunta — tu descansa.
—¿Segura? — Pregunta — No quiero sobrecargarte.
—Si, tranquilo, es rutina.
Los entierros siempre eran iguales, pero no dejaban de ser dolorosos. Una vez escuchó a un familiar decir que eran necesarios, para hacerle entender a la mente que esa persona ya no estaba. Que los entierros no eran para los muertos si no para convencer la mente de los vivos.
Los asistentes eran pocos. Ayudó como pudo, ofreciendo agua, sosteniendo silencios, guiando gestos. Cuando todo se calmó, se acercó a uno de los familiares. Era el esposo. Le ofreció café. Él aceptó con un gesto cansado.
Este permanencia sentado en el banco a un borde del cementerio. Respiraba una mezcla de nostalgia y tristeza, pero no lo vio llorando en todo el entierro. No todos los familiares respondían igual, algunos eran tímidos con sus lágrimas, y eso no significaba menos dolor.
—¿Cómo está? —preguntó ella.
—Bien —respondió, como si esa palabra no significara mucho—. Llevábamos años separados. Nunca firmamos el divorcio. Ella se fue con otro… y cuando todo salió mal, quiso volver. No pude perdonarla. Ella se quedó sola.
Habló sin rencor, casi con resignación.
—Solía llamarme y reprocharme lo poco que la amaba. Que era un mal hombre, que no sabía quererla por no perdonar lo que me hizo.
El soltó una risa irónica.
—Quien diría. Cuando quise hacer las cosas bien… me tocó pagar por todas las veces que no lo hice.
Ella miraba al hombre, tendría sus 60 años, se veía que fue en su juventud guapo, se mantenía erguido y saludable, su cabello canoso bien peinado y con una figura que mostraba que se cuidaba tal como el medico le recomendaba.
—¿Había algo en ella que la definiera? ¿Algo que la hacía inolvidable?
—¿Aparte de sus senos y lo buena que era en la cama?
Ella lo pensó
—Si, aparte de eso.
—No lo sé —dijo—. Era confusa. Vivía encerrada en su cabeza. A veces no sabía qué pensaba.
Athenas no encontró nada que uniera a esa mujer con Emily… ni con Cyan.
Nuevamente le dio el pésame y acompañó hasta la salida.
Fue a la tumba de Emily a colocar las flores, no sabía por que lo estaba haciendo, pero no quería dejarlas en su casa.
Para su sorpresa se encontró con la vecina haciendo lo mismo.
—Hola — saluda Athenas amablemente — Es una sorpresa verla por aquí.
—Ha sido triste —dijo ella limpiando los maceteros —. Emily era gruñona, pero tenía sus momentos.
—Usted es buena vecina, aún la recuerda — Athenas pone las flores en uno de ellos.
Nota que la mujer trajo geranios azules también. Dudó antes de preguntar:
—¿Recuerda al médico que la atendía? El doctor Cyan.
La mujer negó con la cabeza.
—¿Cyan? No, el médico que trataba a Emily se llamaba Frank.
Ella frunce el ceño.
—Bueno, recuerdo que usted me dijo que eran oncólogo y que era guapo.
La vecina soltó una risa breve.
—Imposible. El doctor Frank no es guapo en absoluto. Al menos no para mí.
Athenas sonrió incómoda.
—Lo siento, tal vez escuché mal.
Se apartó de allí cuestionando todo, ¿Qué era real? ¿Qué no lo era?
Mientras divagaba en su mente, Kayser se le acerca.
—Athenas, necesito un gran favor.
Ella se detiene
—Dime
—Queremos grabar un programa especial, por los 5 años del canal.
—¿Cinco años? Llevan mucho tiempo en mi patio trasero.
—Solo se amable, ¿nos podrías dejar entrar a un mausoleo para hacerlo especial?
—No lo sé Kayser, los mausoleos le pertenecen a alguien, y pagan mucho, el abrirlos sin su permiso podría ocasionar problemas.
—Por favor, te pagamos.
—¿Cuánto?
—¿Unos 200 dólares?
Ella abre los ojos
—Mira, es difícil, pero veré que puedo hacer, pero lo más probable es que yo deba estar presente, para vigilar que nada del difunto o su familia falte.
—No hay problema — Asiente feliz.
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Editado: 22.02.2026