Athenas meditaba en la conversación, tenía similitud a lo que ella había vivido, solo que, en su caso Kayser fue visto por otras personas, y Verónica escuchó a Cyan en la sauna. Pero Raquel estaba sola en sus experiencias, como si todos hubiera conspirado para decirle que estaba mal. ¿Por qué?
Permanecían ambas en el jardín, no parecía tener miedo de decirle todo lo que había vivido.
—Cuando dices que te llevó a una fantasía, ¿recuerdas algo de eso?
—Si, claro. Cada noche crea una diferente para mí. En esas fantasías, no hay relojes, no hay bordes, todo se siente real, como si te tocaran directamente el alma —Sonrió con una dulzura inquietante—. Allí me mira como si yo fuera lo único que quedó del mundo.
Athenas sintió un nudo suave pero persistente en el pecho. Esa descripción no le resultaba ajena. Demasiado perfecta. Demasiado diseñada para quedarse.
—A pesar de lo que te hizo, parece que sientes algo por él —dijo al fin.
Raquel alzó la vista, atenta, casi esperanzada.
—Si, es difícil de entender, pero de alguna forma ambos nos necesitamos. Antes de él, no quería tener novios, no creía en las relaciones. Y aún me cuesta entenderlo, pero a su lado, todo es sencillo.
Entonces Athenas se escuchó a ella misma por primera vez. Solo que en su caso no justificaba a un asesino.
—No creo que te ame —respondió sin titubear—. Estás atrapada en algo que aprendió a nombrarte.
La chica bajó las manos al regazo.
—Él dice que sin mí no existe.
—Eso es lo que dicen las cosas que no quieren desaparecer —replicó Athenas, con suavidad firme—. Pero amar no es quedarse ocupando el cuerpo de otro.
—Lo sé, pero es la vida que decidí llevar, no es la vida que soñé de pequeña, pero es mi realidad ahora.
El viento movió las hojas del jardín.
—Solo se calma cuando le prestó atención. Odia ser ignorado. Cuando intento hacerlo, empeora. Me acosa. Se vuelve… insistente. No me deja en paz.
Hizo una pausa, avergonzada—. Pero si cedo, si hago lo que me pide, se tranquiliza. Entonces es amable. Me deja dormir. Y en la mañana puedo hacer mi vida como si nada.
—Eso no es amor —dijo despacio—. Es adiestramiento.
Raquel frunció el ceño.
—¿Adiestramiento?
—Sí. —sostuvo su mirada—. Te enseñó que la paz solo llega si obedeces.
—Pensé que tu entenderías mi relación.
Le expresa algo decepcionada.
El sol se volvió tibio y la brisa más refrescante.
—Te creo —dijo al fin—. Y no solo eso… a mí me pasa algo similar.
La chica levantó la cabeza de golpe.
—¿Cómo?
—Estoy siendo acosada por un espíritu —continuó Athenas—. Pero no como Alfredo. El mío toma la forma de un hombre real.
—Eso es impresionante. ¿Conoces al real?
—Si. El real también pone flores en tumbas vacías, me dijo que así negoció con la muerte.
—¿Cómo sabes cual es el real y cual no?
—El Cyan real se siente cálido y amable, el Cyan producto de mi imaginación es conflictivo, posesivo y agresivo.
Raquel dudó un segundo, luego respondió con una seguridad prestada.
—Alfredo me dijo que cuando murió, había flores en su tumba al llegar su alma. Las había puesto un negociador de la muerte. Esa persona estaba muerta… y trabajaba con ella, ayudando a otros a morir en paz.
Tragó saliva—. Pero él se negó a aceptar a la muerte. Por eso su alma jamás salió del cementerio hasta que me conoció.
Athenas escuchaba con atención quirúrgica.
—¿Te ha dicho como puedes halar con la muerte?
—El me dijo que la única forma es poner rosas rojas en tumbas vacías, y esperar a que la muerte te busque.
—Eso ya lo he hecho sin exito.
—La Muerte y La Vida, tienen formas comunes, no son algo extravagante, son personas como nosotros. Debes identificarlos y descubrirlos por su verdadero nombre.
—¿Verdadero Nombre?
—Si, me dijo que cada cierto tiempo un negociador de la muerte se convierte en La Muerte, dejando que el pasado descanse en paz. En ese caso, cambian sus nombres. Debes saber quien es y llamarlo por su verdadero nombre. Así, muestra su rostro real, y puedes hablar con libertad.
Athenas frunció el ceño.
—Si toman la forma de personas normales, es complicado.
—Ya conoces el dilema.
Ella suspira, no sabría ni por dónde empezar.
—Creo que entiendo un poco más. Lo que se negocia con la muerte es ocupar su puesto.
—No. Los negociadores de la muerte trabajan para esta, buscando que La Muerte interceda por ellos y así volver a vivir. Volver a vivir no es decisión de la muerte, tampoco escoge quien ocupa su lugar. Volver a vivir es decisión de La Vida, aunque ellos viven solo para los que no estan conscientes de que están muertos.
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Editado: 22.02.2026