La Tumba Sin Nombre

54

Estaba doblando blusas sobre la cama. Su mamá le había pedido que separara la ropa que ya no quería para donarla.

—Si no lo eliges tú, que alguien más lo elija —había dicho.

Tocaron la puerta.

El sonido fue breve. Dos golpes suaves.

Sabía quién era antes de abrir.

Aun así, se quedó quieta un segundo, con una blusa entre las manos. La dobló mal. La volvió a desdoblar. La respiración se le desacomodó.

Abrió.

Era Cyan.

Sostenía una caja blanca.

—Hace días que no sé de ti. Me preocupé.

Ella se tensó. Lo había estado evadiendo desde la conversación con el Cyan de Irlanda.

—Lo siento… he tenido varias cosas pendientes.

Él asintió y entró.

—Te traje torta de chocolate. De la que te gusta.

El por su parte estaba animado, no dejaba de sonreír. En la cocina abrió la caja con naturalidad, como si ese lugar fuera suyo.

—Hoy en la municipalidad casi me hacen replantear la economía mundial.

Ella trataba de camuflar su incomodidad.

—¿Qué pasó?

—Una alumna presentó su proyecto de emprendimiento. Dijo que iba a vender “silencio premium”. —rió—. Espacios donde la gente pague por no escuchar nada. Sin notificaciones, sin jefes, sin suegras. Una hora al día sin celular o redes sociales, en un espacio diseñado para relajarse.

Athenas lo miraba fijo.

La sombra seguía allí y sus ojos miel brillaban más de lo habitual.

—Le dije: “eso ya existe, se llama spa.”, ella negó, dijo que este espacio seria completamente diferente, no un simple spa, un lugar diseñado para que las personas puedan dormir de verdad.

Él se gira hasta ella y se recuesta en la encimera de la cocina.

—Dijo algo que es sombrosamente real, más de la mitad de las personas en todo el mundo tienen problemas para dormir, ¿lo sabías?

Ella asiente en silencio.

—Nunca he tenido problemas para dormir, pero al parecer más de la mitad sí.

Se sentaron a comer.

Él la observó con más atención.

—Te noto rara… más tensa.

—Estoy algo nerviosa por el viaje.

Cyan dejó el tenedor.

—Entonces esto llega perfecto.

Sacó unos boletos — nos vamos a Japón.

El corazón de Athenas dio un salto al ver esos boletos.

—Eso es demasiado…

—Quiero hacerlo por ti. Podemos ir al parque de diversiones de ese anime que te gusta tanto, comer un montón, puedes hacer lo que quieras, es un viaje de un mes.

—¡Un mes!

Exclamo asombrada y saltó a darle un abrazo, él lo recibe con cariño.

De pronto ella se percata de un detalle en el boleto

Su expresión cambió.

—Es el mismo día que mi vuelo a Bolivia.

—Puedes ir a Bolivia otro momento. Vamos juntos a Japón.

—No puedo hacerle eso a Verónica.

—Va a entender.

—No quiero que entienda —su voz fue firme—. Es un viaje que planeamos juntas.

Cyan se levantó bruscamente.

—Que viaje con Daniel.

—No.

—¿Entonces no me amas?

Ella se confunde

—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra? Es un viaje que me emociona hacer, tengo derecho de hacerlo.

Cyan respiró hondo y se sienta en el mueble, su sonrisa se había borrado, su cabeza permanencia baja con las manos entrelazadas. Ella se sienta a su lado.

—¿Qué pasa?

—Si te vas a Bolivia… te voy a perder para siempre.

Dice con la voz entrecortada.

—¿De qué hablas?

Este alza la cabeza y la ve fijamente, sus ojos estaban húmedos.

—Hay cosas que no puedo controlar. Aunque quiera. Si te marchas, nunca más vamos a estar juntos. Ve a Japón conmigo. Quédate a mi lado. Para siempre.

—No comprendo las cosas que dices, pero no puedes pedirme algo así.

Por un segundo, sus ojos miel parecieron oscurecerse.

La sombra se tensó.

Ella se puso en alerta, el aire cambio y se sentía más denso. De pronto todo se calma, el asiente y se va al comedor donde se vuelve a sentar.

—Perdón, no debí haber hecho esto. Ven, come tu torta.

El empieza a comer sin alzar la mirada.

Ella lo observó con el corazón latiendo con fuerza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.