Esa noche fue Athenas quien lo pidió.
—Quédate.
La palabra salió baja, casi tímida.
Cyan la miró un segundo más de lo normal.
—¿Estás segura?
Ella asintió.
No quería que se fuera con esa tensión suspendida entre ambos.
Durmieron en su cama individual.
Demasiado pequeña para dos adultos.
Sus hombros chocaban. Sus piernas buscaban espacio.
—Tu muñeco me da miedo, me ve raro.
Ella se empezó a reír.
—K es dulce y gentil, no puede darte miedo.
—Estoy durmiendo con su novia, no puede ser dulce conmigo.
Se endereza y ve al techo
—Tu novio está en todas partes. Ahora me ve feo desde el techo.
—Te imaginas las cosas, K no te esta viendo feo.
En eso Athenas vuelve a ver el techo cuando algo cruzó por su mente, de todas las fantasías que Emily creo, nunca hizo nada con K, lo más obvio era eso.
—Si tuvieras que enamorarme y sabes que yo lo amo a él — señal a K — ¿no sería obvio hacerte pasar por él?
El piensa un poco
—Depende de lo que necesito.
—Digamos que necesitas que viva en una fantasía perpetua
—En ese caso no.
Ella se recuesta de lado —¿Por qué no? Sabes que lo amo.
—Si, pero estoy creando una fantasía para que vivas por siempre en ella. Y tu sabes en el fondo que K no es real, por eso lo amas. Si quiero que vivas por siempre en lo que estoy creando, no sería inteligente hacerlo con algo que tu controlas, debe ser algo que no esta en tus manos escapar.
Ella pensó con detenimiento, y le dio la razón.
—Si quisiera crear una fantasía donde vivieras por siempre, ¿Cuál sería?
Cyan se coloca de lado y recuesta el rostro en sus manos sobre la almohada.
—¿Puedo decirlo sin que me vas como un pervertido?
—Dilo
Él sostuvo su mirada un segundo más. Luego habló, más bajo.
—Una casa aislada. No en el bosque… en un acantilado. Frente al mar. Donde las tormentas duren días enteros.
Athenas alzó una ceja.
—Eso no suena tan oscuro.
—Espera...
Le sonrió con algo de malicia.
—Allí no envejecemos. El tiempo afuera avanza, pero dentro no. Las estaciones cambian, la gente muere, las ciudades se derrumban… y nosotros seguimos allí. Siempre jóvenes. Siempre juntos.
Ella no interrumpió.
—No habría vecinos. No habría visitas. Solo nosotros y el sonido del mar golpeando las rocas. Cada tormenta sería distinta. Cada noche más intensa que la anterior.
Su sonrisa se afinó.
—Y nadie podría encontrarnos. Nadie podría separarnos.
Eso ya tenía filo.
—¿Y qué pasa cuando quiero irme?
Sus ojos miel la sostuvieron.
—En esa fantasía no querrías.
Ella sintió el peso de la frase.
—Entonces, lo pervertido es que sería algo así como tu prisionera.
Cyan inclinó la cabeza, como si analizara una pieza delicada.
—En mi fantasía nadie pueda quitarme lo que amo.
—¿Aunque eso signifique que lo que amas no pueda irse?
Él no respondió de inmediato.
—La eternidad es frágil, Athenas. Si algo puede irse, no es eterna.
Ella le da un beso, en el fondo de esa fantasía entendió lo que realmente amaría Cyan es un lugar donde nada cambie, un mundo donde ella nunca pueda elegir otro camino.
Entre el calor de esa noche, y Cyan que no dejaba de moverse ya que insistía que K si lo estaba viendo raro, dormirse fue una lucha.
Cuando por fin lo hizo, no fue profundo.
Un murmullo la despertó.
Voces.
Se enderezó despacio.
El lado de la cama estaba vacío.
Se baja la cama caminando despacio sin hacer ruido, siguiendo el susurro hasta el pasillo.
Una voz femenina.
Clara. Firme.
—Estás llevando esto muy lejos, Azrael. No tiene sentido lo que haces. La estás confundiendo.
Athenas se quedó inmóvil.
¿Azrael?
La voz de Cyan respondió, más baja, más tensa.
—Tú empezaste esto. No es mi culpa. Ahora no la quiero dejar ir.
—Debes dejarla ir. Tiene derecho a vivir su línea de tiempo. Ese es su derecho. No puedes arruinarlo por tus fantasías.
#657 en Fantasía
#396 en Personajes sobrenaturales
#311 en Thriller
#129 en Misterio
Editado: 22.02.2026