La Tumba Sin Nombre

57

Luego de un mes de planificación, el gran día había llegado. El avión ya estaba en el cielo, Athenas miraba por la ventanilla que no era suya, inclinándose un poco, invadiendo apenas el espacio de la chica que leía en su tablet. El asiento del medio era una penitencia moderna: sin paisaje, sin pasillo, sin gloria. Solo codos ajenos.

Verónica, ya respiraba profundo desde el despegue, como si volar fuera una siesta más con turbulencia incluida. Athenas, en cambio, llevaba una tormenta distinta por dentro.

El recuerdo de Cyan seguía pegado a su piel. El ramo de rosas rojas, tan dramáticas como si hubieran salido de una pintura antigua. Su abrazo había sido más largo de lo habitual. Su beso, más suave. Y ese “por favor vuelve” que no sonó como capricho, sino como despedida anticipada. Ella había sonreído, confundida, prometiendo nada en voz alta y todo en silencio.

Se puso los audífonos y dejó que la música la envolviera. La canción de ese anime que veía desde hacía años empezó a sonar, y su expresión cambió sin que lo notara: los ojos brillantes, los labios moviéndose apenas con la letra.

Entonces la chica a su derecha comenzó a reír.

No una risa burlona. Una risa cómplice.

Athenas se quitó un audífono, frunciendo el ceño.

—¿Qué?

La chica levantó la vista de su tablet, todavía sonriendo.

—Se escucha toda tu música —susurró divertida—. Y amo ese anime.

Athenas parpadeó.

—¿En serio?

—Claro. Ese opening es imposible de no reconocer. Es como una alarma emocional. Apenas suena y ya quiero pelear contra demonios imaginarios.

Soltó una risa genuina, la primera del día.

—Lo veo desde hace años.

—Es una trampa hermosa —respondió la chica—. ¿Team protagonista imparable o team villano redimible?

—Team el que mataron de primero —contestó sin dudar.

La chica suelta una carcajada.

—Ese team es doloroso.

Las dos sonrieron como si se conocieran desde antes.

—¿Vas por vacaciones? —preguntó la chica.

—Sí. Es nuestro primer viaje en avión —dijo, señalando a Verónica con ternura—. Ella actúa como si volara cada semana, pero ayer casi no dormía de la emoción.

—Siempre es así. Uno quiere parecer adulto hasta que el avión despega y el corazón se convierte en tambor.

Athenas asintió. Pensó en Cyan otra vez. En su mirada triste. En las rosas.

—A veces irse también da miedo —murmuró sin pensarlo demasiado.

La chica inclinó la cabeza.

—Tú no pareces alguien que va de vacaciones. Te ves algo triste.

Athenas bajó la mirada. Sus dedos jugaban con el cable del audífono, enredándolo, desenredándolo, como si intentara ordenar algo que no se dejaba ordenar.

—¿Se nota mucho?

—Un poco. Tienes la cara del protagonista cuando descubre que mataron a toda su familia.

Athenas soltó una risa breve, pero esta vez no llegó a sus ojos.

—Estoy… atravesando algo complicado con un hombre. —Hizo una pausa, buscando palabras que no dolieran— sé que no es quien dice ser, pero tengo miedo de describir lo que es en verdad, o simplemente de perderlo.

La chica la observó un instante más, con esa mirada que no invade, pero tampoco esquiva.

—Te voy a decir algo —dijo con media sonrisa—. En ese anime que te gusta, hay momentos en que el protagonista tiene que elegir. Puede quedarse aferrado a lo que le duele porque es conocido… o puede avanzar, aunque no sepa qué viene después. Y casi siempre, cuando duda demasiado, pierde la oportunidad.

Athenas frunció el ceño.

—¿Qué oportunidad?

—La de su propio destino.

Ella soltó una pequeña risa, confundida.

—No entiendo eso del destino. Suena… enorme. Como si ya todo estuviera escrito.

La chica negó con la cabeza.

—No es que esté escrito. Es más bien como cuando suena tu canción favorita en medio del caos. Si no la escuchas en ese momento, pasa. Y no vuelve igual.

Athenas miró sus manos.

—¿Y qué tiene que ver eso con… él?

La chica tomó aire.

—Tal vez él no teme perderte porque no te quiera. Tal vez teme que tú descubras que puedes elegir un camino distinto. —La miró directo a los ojos—. Y sabe que, si lo haces, podría no estar en él.

El zumbido del avión llenó el silencio.

—A veces —continuó la chica— las personas que nos piden que volvamos no están diciendo “te amo”. Están diciendo “no cambies”. Y tú ya cambiaste. Solo que todavía no te has dado cuenta.

Athenas dejó escapar el aire que llevaba rato guardando.

—Nunca lo había visto así.

—Para eso están los encuentros random en asientos del medio. —Le guiñó un ojo—. Somos como esos personajes que aparecen un capítulo, dicen algo clave y desaparecen en la siguiente temporada.




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