La Última Confesión de Helena Cruz

Prólogo

No recuerdo cuándo comenzó.

Tal vez fue con Mariana. Tal vez antes. Tal vez nunca terminó.

Durante años creí que mi trabajo consistía en escuchar. En contener. En traducir el dolor ajeno en diagnósticos, en informes, en palabras que otros pudieran entender. Pero hay dolores que no se traducen. Hay voces que no se callan. Hay puertas que, una vez abiertas, no pueden cerrarse.

Esta no es una historia sobre un crimen.

Es una historia sobre una grieta.

Una grieta en la mente, en la memoria, en la identidad. Una grieta que se disfraza de ritual, de símbolo, de espejo. Una grieta que se alimenta de silencio.

Me llamo Helena Cruz.

Fui psicóloga criminalista.

Fui testigo.

Fui paciente.

Y tal vez… fui algo más.

Si estás leyendo esto, es porque decidiste entrar. Porque algo en ti resonó con la voz que me habló aquella noche. Porque tú también has sentido que hay otra versión de ti misma caminando por ahí. Una que escribe cuando tú duermes. Una que sonríe cuando tú lloras.

No te prometo respuestas.

Solo confesiones.

Y algunas de ellas… no son mías.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.