La Última Confesión de Helena Cruz

Capítulo 3 - El regreso del patrón

Caracas, 6:42 a.m.

El cuerpo fue hallado en una vieja pensión de San José, a pocas cuadras del centro. Una joven, no identificada, de entre dieciséis y dieciocho años. Mismo patrón. Mismo símbolo. Mismo silencio.

Helena no fue invitada oficialmente. Ya no trabajaba con la policía. Pero Barreto la llamó igual.

—No quiero que vengas como psicóloga —le dijo—. Quiero que vengas como testigo.

La escena era un eco perturbador de La Pastora. El cuarto estaba impecablemente limpio, salvo por el cuerpo dispuesto sobre la cama, con los brazos extendidos y los ojos cubiertos por pétalos de violetas. El símbolo estaba tallado en el abdomen esta vez, más profundo, más definido.

Helena se acercó sin hablar. Observó. Sintió. El aire estaba cargado de algo que no podía nombrar. No era solo muerte. Era intención.

—¿Qué ves? —preguntó Barreto.

—Una firma —respondió ella—. Pero también una evolución. Este no es el mismo asesino. O al menos, no está solo.

Barreto frunció el ceño.

—¿Crees que es un imitador?

—No exactamente. Es como si alguien hubiera aprendido del original. Como si lo conociera... íntimamente.

Barreto la miró con una mezcla de escepticismo y temor.

—¿Y si es él mismo?

Helena negó con la cabeza.

—El original no dejaba errores. Este sí. Mira —señaló una pequeña mancha de sangre en la esquina de la sábana—. No es parte del ritual. Es torpeza.

Barreto asintió, pero su expresión se endureció.

—Entonces tenemos un asesino suelto. Y un maestro en las sombras.

Más tarde, en su apartamento.

Helena extendió las fotos de ambos crímenes sobre la mesa. Mariana. La nueva víctima. Diez años de distancia. Mismo símbolo. Mismo perfume floral. Mismo silencio.

Encendió la grabadora. Reprodujo la voz.

—Tú me conoces, doctora. Aunque no quieras admitirlo.

Cerró los ojos. Se obligó a recordar. Pacientes. Entrevistas. Sesiones. ¿Quién había estado allí, escuchando? ¿Quién había absorbido sus palabras como un credo?

Abrió su viejo cuaderno de notas. Página tras página de nombres, síntomas, frases subrayadas. Hasta que lo vio.

Paciente 17.

Nombre: reservado por orden judicial. Edad: 19. Diagnóstico: trastorno de identidad disociativo. Observaciones: "Extremadamente inteligente. Carismático. Capaz de imitar patrones emocionales con precisión inquietante."

Última sesión: 3 días antes del asesinato de Mariana.

Helena sintió un nudo en el estómago. Había algo más. Algo que no había querido ver.

Buscó en su archivo digital. Encontró una grabación. Sesión 4. Paciente 17.

—¿Cree que uno nace siendo monstruo, doctora? ¿O que alguien lo enseña?

Helena detuvo la reproducción. La voz era distinta. Más joven. Pero la cadencia... idéntica a la de la grabación anónima.

No era una coincidencia.

Era un mensaje.

Un reencuentro.

Y apenas comenzaba.




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