La Última Confesión de Helena Cruz

Capítulo 5: El cuaderno rojo

Caracas, 2:11 a.m.

Helena no recordaba haber guardado ese cuaderno.

Estaba en el fondo de una caja de cartón, debajo de viejos expedientes, recortes de periódico y una bufanda que aún olía a alcanfor. Lo encontró buscando una carpeta con notas clínicas de 2013. Pero el cuaderno no tenía etiqueta. Solo una tapa de cuero rojo, gastada en los bordes, con una pequeña mancha oscura en la esquina inferior. ¿Tinta? ¿Sangre?

Lo abrió con manos temblorosas.

La primera página estaba en blanco.

La segunda también.

En la tercera, una frase escrita con su propia caligrafía:

"El dolor es una puerta. Algunos entran. Otros no regresan."

Helena frunció el ceño. No recordaba haber escrito eso. Pasó la página.

Fechas. Entradas. Reflexiones. Algunas eran claramente suyas: análisis de pacientes, observaciones clínicas, fragmentos de sueños. Pero otras... otras no.

"Hoy volvió a hablarme del ritual. Dice que no es un símbolo, sino una llave. Que cada víctima es un peldaño. Que al final, si se hace bien, se abre algo."

"No sé si estoy guiándolo o si él me está guiando a mí."

"A veces, cuando lo escucho hablar, siento que estoy dentro de su mente. Y que me gusta."

Helena cerró el cuaderno de golpe. El corazón le latía con fuerza. Fue hasta la cocina, se sirvió un vaso de agua, lo bebió de un trago. Luego volvió al sofá, encendió la lámpara de lectura y abrió el cuaderno por la mitad.

Una hoja arrancada.

La siguiente página tenía una sola palabra escrita en tinta negra:

"Mariana."

Y debajo, una fecha: 12 de marzo de 2015.

El día antes de su asesinato.

Helena sintió un vértigo punzante. ¿Era posible que hubiera escrito eso? ¿Qué supiera algo y lo hubiera bloqueado? ¿O alguien estaba jugando con su mente?

Volvió a la caja. Rebuscó entre los papeles. Encontró una vieja grabadora de bolsillo. La encendió. Una sola pista.

Reprodujo.

—Sesión privada. No registrada. Paciente 17. Fecha: 10 de marzo de 2015.

Su propia voz.

—Hoy me pidió que cerrara la puerta. Que apagara la luz. Que no tomara notas. Dijo que quería contarme un secreto. Que ya estaba listo para el siguiente paso. Que Mariana era la elegida.

Silencio.

—No sé si debo detenerlo. No sé si puedo. Hay algo en su mirada... algo que me arrastra.

La grabación se detuvo.

Helena se quedó inmóvil. La grabadora en una mano. El cuaderno en la otra. Afuera, la ciudad dormía. Pero dentro de ella, algo se había despertado.

Un recuerdo.

O una culpa.

No sabía cuál era peor.

Más tarde, en la ducha.

El agua caliente caía sobre su espalda, pero no lograba calmarla. Cerró los ojos. Vio el rostro de Mariana. Luego el del Paciente 17. Luego el suyo.

Superpuestos.

Indistintos.

Abrió los ojos de golpe. En el espejo empañado, una palabra escrita con el dedo:

"Llave."

Helena retrocedió. El vapor se disipó. La palabra desapareció.

Pero el mensaje ya estaba dentro.

Y no había forma de borrarlo.




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