La última defensa de la creación: Vol. 1

31 Experiencias dolorosas

El grupo conformado por los equipos de Gunnar y James mantenían un ritmo constante. La velocidad empleada se compara al doble de los récords mundiales. Aun así, no era la velocidad máxima que podían exponer.

No existía una calle, establecimiento o edificio donde las secuelas de batallas, accidentes aéreos u otro tipo de acción violenta hubiera sido eludido. Del mismo modo, cada espacio donde pisaban presentaban olores podridos y metálico de pura sangre.

La mayoría se mostró indiferente a los repugnantes aromas, a excepción de Sophia, que no soportaba el ambiente. Sintió que las náuseas le subían a la garganta, pero lo aguantó; no quería ser una molestia.

Las cosas marchaban eficientemente hasta que hubo un encuentro repentino.

10 Liberados se interpusieron en el camino con caras poco amigables. Cada uno exhibiendo diferentes armas filosas. Gunnar imaginó la escasez de armas de fuego, por los inevitables enfrentamientos con Pesadillas.

—Hola, es todo un gusto. Mi nombre es…

El tipo que quería hacer algún tipo de presentación engreída no tuvo la dicha de terminar las palabras, tampoco la dicha de continuar viviendo. Gunnar le cortó la cabeza apenas le vio la cara de idiota. Como si eso fuera un simple aperitivo, continuó matando a los demás en unas cuantas respiraciones.

—Caesar, son tuyos —aprobó.

El animal mostró una cara de sorpresa, debido a que no había esperado la dichosa oferta. Sonrió contento y fue por la comida con mayor energía posible. Era el desayuno del día. Enganchó los dientes en los cadáveres y fueron penetrados fácilmente. La simpleza con que masticaba hacían parecer que la carne y los huesos de esas personas eran tan suaves como el pudin; Caesar ni se esforzaba. Evidentemente sus mandíbulas tenían una mordedura muy letal.

—¡¡Dios, qué asqueroso!! ¡Caesar es un monstruo!

Para Sophia, presenciar tal escena representó uno de los eventos más asquerosos de su vida y el más despiadado, pues, nunca había atestiguado algo así… Ella, a pesar de lo fuerte, tenía extrañamente una actitud muy blanda, y eso pudo ser notado por todos los presentes. Su cara estaba de todos los colores y no logró evitar vomitar.

La pandilla, por otro lado, tuvo mejor reacción. Les resultó incómodo, pero nada más.

—¿Caesar? Sí. Él y todos los que ves aquí —comentó Gunnar mientras guardaba su espada que previamente había limpiado. Cuando terminó, la miró de forma fija y con esa actitud baja de emociones, sin embargo, penetrante—. Ahora hacemos parte de la vida salvaje. Estamos obligados a ser monstruos más que nunca si queremos sobrevivir. La bondad es un pecado, niña.

Las crudas palabras no fueron refutadas por nadie. Era un mensaje el cual las personas de todo el mundo meditaban y lentamente iban cediendo a esta ideología para adaptarse a los cambios. Al menos, para aquellas que no la hubiesen tenido antes de este desastre.

Los minutos siguieron, los cadáveres desaparecieron y Caesar se levantó sonriente.

—[Listo].

No había por qué retrasarse más. Retomaron el ritmo y avanzaron sin emitir ningún sonido. No obstante, después de otros minutos, por desgracia tuvieron otra intervención no deseada.

En un callejón angosto, 2 mujeres estaban siendo maltratadas y violadas brutalmente por 5 hombres. La escena era tan perturbadora que los detalles resultaría incómodo de narrar.

El acontecimiento llegó a los ojos de Sophia y ella perdió el control de sus emociones.

—¡¡Desgraciados!! —Un ataque de ira extrema la golpeó y arremetió contra aquellas personas—. ¡¡Desgraciados!! ¡¡Desgraciados!!

Su voz contenía una intención desbordante de odio puro. Era una actitud que hace poco parecía imposible de conocer. Sus lágrimas salieron sin aviso mientras corría y golpeaba a los violadores. Estos fueron enviados volando contra la pared de forma violenta. A pesar de ello, continuaron vivos.

En esta ocasión nadie sabía si se habían salvado por suerte o es que la adolescente se le era imposible quitar una vida incluso en tales condiciones emocionales.

Silvia fue la que realizó el trabajo sucio. Viendo actuar a Sophia decidió brindar asistencia y asesinar a los culpables. Lo hizo en silencio y con frialdad. No se mostraba afectada, pero sus expresiones tenían disgusto hacia aquellas personas.

—¡Chicas! —Sophia, llorando, llamó a las dos mujeres, sin embargo, no fue escuchada—. Chicas…

Prestó más atención en ellas y se dio cuenta de que las estaban fuera de sí. Sus ojos maltratados por las lágrimas estaban desenfocados. Había un trauma psicológico muy severo.

Los hombres hicieron acto de presencia, y ahí fue el instante donde Silvia también se acercó, se agachó y agarró con una mano a una de las víctimas en la barbilla y ladeó su rostro de un lado a otro, pero, no hubo reacción, se veían sin alma.

La rubia negó con la cabeza. El daño estaba hecho.

—¡¡Nooo!! —Sophia no podía parar de llorar, debido a que se sentía devastada y miserable por no haber venido a tiempo. Su corazón se arrugaba por el lamento. Gunnar y el resto pacientemente esperaron el cese de sus gritos heridos un tiempo.




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