La última defensa de la creación: Vol. 1

40 Sueño extraño

La bienvenida al nuevo miembro no fue la misma que la de Sophia. Esta vez las conversaciones se dieron cortas y precisas. Sophia era generalmente la que interactúa con Benjamín, dándole a conocer aspectos relevantes del grupo. Se detuvo más tiempo en hablarle de Caesar y cómo entenderlo mejor.

Cada uno entonces cenó y se dispuso a dormir. Aún había puntos que el nuevo integrante le causaban dudas. Por ejemplo, la decisión de aceptarlo a pesar de que sabían el problema con Malcom. La desconfianza sobre si era verdad el acuerdo no quería salir de su cabeza, pero optó por continuar.

Se arriesgó por primera vez desde que se convirtió en un Liberado y eso fue por la seguridad de Sophia. No había que negar el cuidado de esas personas hacia ella y el apego visible que su hermana les tenía. Pudo partir de ahí y tomar la decisión. Supo con anticipación la habilidad del animal de descubrir de algún modo quién mentía y quién no, antes de volver a verlos gracias a una charla previa con su hermana. Por eso habló con sinceridad.

Esa noche durmieron los de arriba y la pandilla de exdelicuentes tomó el turno para hacer guardia nocturna. Esa noche Gunnar volvió a tener un nuevo sueño extraño y no lo volvió a tachar como una pesadilla cualquiera, sino que abrió la posibilidad a algo mucho más profundo. Esa noche, también, la “zona libre de Pesadillas” se transformó por completo...

Gunnar no se dio cuenta el momento en que entró en un mundo diferente al actual, pero extremadamente parecido a lo que era antes. Miró el cielo que se iluminaba con el imponente sol en el centro, gozando del hermoso color azul, acompañado de las fieles nubes blancas y las aves viajeras. Era un paisaje digno de apreciar.

Alzó la mano derecha y observó la manga blanca que lo cubría. No tardó tanto cuando se deleitó del cielo, permaneciendo en esa posición por largos segundos mientras intentaba palpar con las llamas de los dedos el espectáculo captado por sus ojos. Nunca en su vida imaginó por un momento poder sentir tal sentimiento tan maravillado y disfrutarlo tan magistralmente.

—¡Meow!

Fue interrumpe por el maullar de un gato. Bajó el rostro y vio al animal de color blanco y amarillo sobándole la pierna, las cuales también estaban vestidas de un traje blanco. El fenilo, cuando notó que el humano enfocó su atención en él, detuvo lo que venía haciendo.

Gunnar quedó confuso por la conducta del gato, y por tal motivo, perdió el interés por él. Entonces, enfocó sus ojos hacia el frente y una magnífica naturaleza lo saludo.

El suelo era verde por los pastos y había árboles de diferentes tipos y muy hermosos en cada parte, también de los miles de animales disfrutando del entorno glorioso; había paz y tranquilidad.

—Impresionante… —dijo, aunque tuvo una sensación extraña al decirlo.

No encontró otra palabra que expresara su sentir a dicha experiencia. Estar ahí presente lo llenaba de una paz indescriptible, semejante a entrar en un estado mental superior.

—¡Meow!

El animal volvió hacer de las suyas y cortó bruscamente ese estado adictivo en el que se hallaba. El hombre, con paciencia, se agachó y acarició el fino cabello del gato. El felino mostró gestos de placer y aceptación; amaba la forma en la que estaba siendo tratado.

—¿Te gusta? —preguntó sabiendo que la respuesta nunca llegaría—. A mí me encanta estar aquí.

Expresó esas palabras con felicidad infinita. Al mismo tiempo, sentía una extrañeza que no alcanza a diferenciar. Y cuando se cubría por esas sensaciones, sucedió algo todavía más extraño, tocando lo ficticio.

—¿En serio? Lástima que me hayas elegido la rebelión… Mis hijos morirán por eso.

El gato sorprendentemente había hablado y de su boca salió la voz de una mujer madura.

La reacción de Gunnar inmediatamente fue quitar las manos del animal, pero, no pudo. O sí, solo que un segundo de retraso y bajo una voluntad que no le pertenecía.

“¿¡Qué me sucede!?”, se cuestionó.

De repente, el paisaje comenzó a cambiar. Los animales corrieron y gritaban como locos, sin excepción alguna. Después se pudo apreciar la invasión de los espejos rojos y las Pesadillas.

—¡¡Mierda, no!! ¡¡No puede ser!! —Gunnar extrañamente dio gritos de dolor. Su cuerpo se sintió débil y su piel se volvió muy pálida; los ojos derramaron lágrimas por montones y un nudo obstruyó su garganta. Estaba sufriendo como ninguna otra persona—. ¡¡Ayúdenlos!! ¡¡Por favor!!

No duró ni 60 segundos cuando el paisaje tan celestial se convirtió en un lugar sumergido en la muerte y destrucción. Los animales fueron devorados sin misericordia por una plaga de monstruos. Ni sus gritos, ni sus intentos desesperados por escapar dieron frutos. Una cruda muerte los visitó.

Creyó padecer el peor sufrimiento de su vida, algo que no se podía agravar, pero la realidad resultó ser otra. Esta vez sintió que su alma se agrietaba y que iba a perder la conciencia en cualquier instante. Lo más raro era el hecho de que entendió el significado.

—¡¡Imposible!! ¡¡No!! ¡¡No!! ¡¡¡No!! —gritó con todas sus fuerzas.

Dio la vuelta para ver al pequeño gato y lo que sus ojos reflejaron fue a una hermosa, pero adolorida leona de dos metros. Su rostro se veía muy cansado mientras el cuerpo se cubría de sangre y caían al suelo formando un pequeño charco. A pesar de ello, todavía tenía un aura de realeza que la hacía brillar. Era solo cuestión de estar en su presencia para, inconscientemente, querer arrodillarse y adorarla.

—¡¡Esto no puede estar pasando!! ¡¡Usted no debería morir!! ¡¡Es injusto!!

Gunnar seguía chillando, dejando ver su sufrimiento. La leona posó sus ojos amarillos tan ardientes como el sol en él y una ligera sonrisa de amor nació, después se cambió en un gesto de tristeza.

—Hijo mío, esto son consecuencias de tus decisiones. Eran los Protectores, no podían irse… —Su voz resonó hasta lo más profundo de Gunnar.

—¡¡No digas eso!! ¡¡No morirás!! —dijo, cayendo de rodillas y apretando con fuerza las manos tanto que sangraban.

—Ahora tienes que vivir por mí y dar la pelea que nunca pude —Alzó unas de sus patas, y despacio, atrajo a “Gunnar” hacia ella con una simple mirada. Después, acarició su cabeza con la extremidad que yacía extendida. Su amor brotaba con ese gesto. Gunnar en ese instante entendió que estaba experimentando sensaciones ajenas, al igual que sus acciones. Se dio cuenta de que la mirada de esa leona parecía, en esa ocasión, para él, como si lo hubiera descubierto —Enorgulléceme, trabaja duro y vive lo suficiente para que te liberes de esas cadenas, esas que te privan de tu verdadero ser, hijo… Recuerda, guíate de tu instintos cuando te llamen, sin importar la situación y las muchas planificaciones que hayas hecho. Confía en mí.

Seguido de esas palabras, un destello cegó su vista y lo sacó del sueño en que estaba.

Lentamente abrió los ojos y el entorno desenfocado gradualmente tomó claridad. Sus sentidos, que al parecer se habían apagado, volvieron a funcionar. Voces empezaron a oírse.

—¡Tranquilízate, Caesar! Queremos saber qué pasa con él. Puede ser grave.

—¡Caesar, por Dios! Te estoy diciendo que no le haré ningún daño. ¿Acaso no puedes saber cuándo miento? Sabes que digo la verdad. Estoy muy preocupada por Gunnar.

Cuando recuperó los sentidos, la imagen que lo esperó fue confusa. La mano derecha estaba apretando su corazón, luego vio su ropa sucia y dedujo que posiblemente fue por causa de estar en el suelo y moverse allí. Por otro lado, muy cerca de él, se encontraba Caesar en un modo intratable contra los demás miembros del grupo.

Su semblante era muy serio y peligroso, tanto así que nadie intentaba acercarse. Gunnar no tardó mucho en entender que Caesar lo estaba protegiendo. Incluso Silvia fue agregada en esa peculiar lista de rechazados.

—Despertó.

Benjamín habló con tranquilidad en medio del alboroto y lo que dijo se escuchó con mucha claridad. El primate giró y vio a su hermano mayor en perfectas condiciones. Sonrió y le alzó el pulgar. Posteriormente, abrió paso para las inquietas damas.

—¡Maldita sea, Gunnar, esta vez me asusté tremendamente! —dijo Silvia, acercándose a él y dándole un abrazo de oso. Sus senos firmes se tragaron su rostro—. Cuéntame qué te pasó.

Esperó respuesta, pero el pasar de los segundos, se le quitó la esperanza. Silvia miró la posición en la que estaba y no pudo evitar sonreír por su estupidez. Alejó sus senos para que pudiera hablar.

—Bien, ya podré responder —pronunció—. La verdad es que no sé qué hice. Explícate.

—Todos dormíamos cuando tus gritos se escucharon. Eran gritos de dolor y tristeza. Sufrías tanto que te revolcabas en el piso —Sophia decidió detallar las cosas.

—¿Gritos? —preguntó confuso.

—Sí. Así estuviste hasta ahora que te despertaste. Caesar desde entonces no permitió que ninguno de nosotros nos acercáramos a ti por más que le pedimos. De hecho, me sentí decepcionada por la desconfianza, pero luego dejé de tomarlo personal —explicó esta vez la rubia. En ella había preocupación—. Como sea, lo que quiero saber es sí alguien te atacó o tienes un problema en el que pueda ayudarte.

—En realidad fue un sueño muy extraño que ni he tenido tiempo para analizar debidamente.

Las dos chicas recibieron la noticia y se confundieron más. No encajaba esas palabras en sus rompecabezas, sin embargo, eligieron darle su espacio para que pensara con más calma. Lo importante ahora mismo era que estaba bien y no presentaba algún comportamiento extraño.

—[Hermano, ¿lo sientes?] —Apareció Caesar formulando una pregunta confusa.

El hombre en cuestión frunció la entre ceja al ver a Caesar hablarle con un semblante serio y expectante, como si esperara que le diera una respuesta positiva.

—¿Sentir qué? No, no siento nada.

El visible reflejo de decepción se dibujó en la figura del primate. No era tan directo, a pesar de ello, no logró esconder el sentimiento. Su hermano mayor esperó y la respuesta vino como el presagio de lo que sería el terror para muchos.

Caesar entonces dio destellos de luz brillante a través de sus pelos blancos. Era el mismo que generalmente no traía buenas noticias; Silvia y Gunnar lo sabían.

Sophia, Benjamín y la pandilla que había aparecido durante los gritos del líder, por un segundo apretaron sus armas creyendo un posible ataque, pero las soltaron cuando identificaron al causante de la luz y después cayeron en profunda conmoción.

El animal respiró hondo mientras sus lágrimas caían. Abrió los ojos y los dirigió hacia Gunnar. Las miradas quedaron pausadas así un tiempo, hasta que habló.

—[Sentir que ella sufre un dolor indescriptible, sola, sin ayuda. Sentir su dolor, su tristeza… Y sentir las ganas de destrozar a los seres que le causan esto. Hermano, prepárate, porque siento también la llegada de monstruos poderosos, muy poderosos].




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