La última defensa de la creación: Vol. 1

65 Llegada impactante

El deterioro de la neblina roja había alcanzado el estado donde ya era casi inexistente, por tal motivo, Silvia y Gunnar veían sin esfuerzo a la pareja de hombres, quienes parecían estar buscando algo en específico.

—Mira, allí está Gunnar y su equipo —señaló Marcus, a pasos veloces junto a su colega—. ¿Desviamos nuestro camino?

Robert frunció las cejas ahora que se presentaba el asunto destinado a suceder.

—El capitán fue claro con sus órdenes. Ahora no son enemigos, no hasta que hagan algo para merecerlo. Vamos a saber cómo serán las cosas. Sígueme.

Dicho esto, se movilizaron hacia Gunnar y los demás, pero antes de llegar, hallaron a los dos últimos integrantes de la pandilla.

A docenas de metros, Mark se visualizaba al lado de un cadáver, el cual traía puesto el uniforme de agente. James estaba en otro sector, moribundo y escondido en el mismo muro de antes. De manera milagrosa las Pesadillas los habían omitido hasta entonces.

—El único idiota que está recolectando Origen cuantificado en estas circunstancias —comentó Marcus—. Un tipo como él, deambulando sin ser embestido y a nosotros en el primer intento ya nos obligaron a huir.

—Así es la vida —le respondió el otro agente—. Continuemos.

Acatando el comando, el agente pecoso avanzó primero saltando 80 metros de distancia, y cuando Robert se dispuso a correr, alguien lo llamó.

—¡Espera un minuto, agente Robert!

Él cortó el impulso de moverse y se mantuvo congelado medio segundo, luego se volteó y miró a Mark, la persona que había mencionado su nombre.

—¿Qué quieres? Habla rápido que el tiempo es preciado para mí —le informó con severidad, casi indispuesto a escucharlo.

—¿Todavía está disponible el reclutamiento? Deseo entrar.

El soldado quedó en silencio al escuchar las palabras del pandillero. El semblante serio le dio a entender lo decidido que estaba. “Maldito zorro”, pensó, brotando en Robert una sonrisa aguda.

—Es tarde. En estos momentos es imposible que te cuide el trasero, además, eres muy débil. Te falta completar la Liberación —rechazó, pero no del todo—. Pregúntale al capitán más adelante. Por supuesto, siendo más fuerte.

Mark escuchó en silencio mientras Robert se alejaba sin mirar atrás. Se molestó por la respuesta, no obstante, entendía lo disparatado que era al decirle su solicitud. De todos modos, lo intentó. “Al menos existe una oportunidad. Bien, manos a la obra”, reanudó su trabajo.

En otro lado… 

—¿Son muy valientes o demasiado estúpidos? —Silvia se preguntó, imbuyendo una dosis de burla en su tono de voz. Cerca de ella, el agente Marcus se situó callado y muy cauteloso.

—Venimos en son de paz —respondió. Agarraba una daga extraviada del suelo y la dominaba con la mano derecha. Sus ojos permanecían fijos en el arma—. Aquí una muestra.

El objeto filoso fue lanzado teniendo a Gunnar como obstáculo. La hoja pasó sobre su sien, a un centímetro de distancia. Desde que Marcus lo tiró, él jamás movió una pulgada de cuerpo, ni se detuvo a observar el destino de la daga, nada más mantuvo sus ojos tranquilos en el visitante no deseado.

El arma cortó el viento hasta alcanzar el objetivo. La Pesadilla, la cual combatía con Sophia y Benjamín, percibió un ataque furtivo y fue forzado a esquivarlo, desviándolo con sus garras.

—¡Tíralos también! —resonó la voz de Benjamín.

Sophia, atacando la orden, tiró sus dos dagas hacia el enemigo y, por segunda vez, bloqueó con éxito, pero esas distracciones sirvieron para soltar el ataque principal.

“Perdiste”, sentenció Benjamín. Sin dudar, saltó hacia la Pesadilla y le atravesó los dos cuchillos en la parte trasera de su cabeza en el instante de su caída.

—¡Yes! —gritó de alegría Sophia. La chica luego apoyó sus manos en las rodillas, estando aún de pie. El cansancio que se desarrolló a raíz de la batalla fue atroz—. Se iba… Se iba complicando cada segundo que pasaba.

Benjamín no respondió, sino que, terminado el combate, enfocó su visión en la dirección donde vino el ataque que prácticamente ocasionó la muerte la Pesadilla. Ahí fue cuando la mirada conectó con la de Marcus, quien asintió dando entender su papel de lanzador. “¿Qué bicho les picó? Alguna razón tendrá al aparecer por aquí”.

—Sophia.

—Entiendo, vamos.

Los hermanos decidieron averiguar el verdadero motivo por el cual vinieron. Asimismo, el par de pelirrojos subieron el ritmo de sus pasos y se presentaron en el lugar también.

Tanto Marcus, como el recién llegado Robert, eran caras conocidas para Nicolás y Adelaida, pues, su capitán tenía alguna obsesión con “Adela” después de que ella lo burlara escapando de él. Fue la única persona que realizó dicha hazaña y de la que Gabriel y sus compañeros habían conocido en algunos registros.

Estaban en un momento difícil, y si su intención era capturarlos, hoy iban a saber lo capaces que podían ser.

—Eres Marcus, ¿verdad? Por poco y te mato —pronunció Silvia, negando con la cabeza—. Menos ambiguo para la próxima, ¿bien?

El hombre en cuestión se arrepintió de las acciones previas, porque al tocarse el cuello, después de sentir una picazón ahí, se enteró sobre el corte que sangraba en esa zona. La rubia lo había apuntado y lanzado con cuchillo al realizar su atrevido lanzamiento que puso a prueba al descamisado frente a él: Gunnar.

—Estamos aquí para decirles que no deseamos confrontaciones —dijo Robert. Sus ojos se centraron en Caesar y el extraño brillo que bañaba su cuerpo, después quitó su vista y la direccionó en Gunnar—. Si preguntan, es porque la situación, según mi capitán, será difícil de superar… ¿Entonces?

—¿No querrá decir el difunto capitán? Tengo entendido que Caesar lo cogió como saco de boxeo y lo dejó medio muerto. ¿La huida le sirvió? —respondió Gunnar.

Manejando bien la discusión, Robert habló. —No nos subestimes, tenemos ciertos trucos para cualquier inconveniente…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.