La Última Flor Para El Invierno

DIECISIETE

JANE DEE

Conocer a la familia de Blake era algo que no tenía en mi lista de cosas por hacer esta mañana. En realidad ni siquiera tenía una lista de cosas por hacer, pero la familia entera de Blake se había encontrado conmigo en mi nuevo empleo. Aunque ya había visto a su padre gracias a aquella vez que volví a ver a Blake y lo seguí a la veterinaria. Sin embargo, nunca había visto a su madre y hermana. Ahora podía ver que ese negro cabello y esos ojos grises que Blake posee son herencia de su madre. Y que el cabello rubio y los ojos azules que Allison tiene son herencia de su padre. A mi parecer y, por los pocos minutos que llevaba conociendo a toda la familia, podía decir que eran lindas personas.

Blake no le dijo a su familia que ya me conocía, así como tampoco mencionó que trabajamos juntos en la pastelería, pero no es algo que tenga que molestarme porque no quiero que mi empleo como cuidadora de un adulto mayor con Alzheimer sea mezclado con el cariño que le tengo al nieto de dicho anciano.

Blake y yo no hemos hablado tanto como me hubiese gustado desde que su padre y él llegaron a la cocina para ayudar con la cena. Se suponía que debía estar concentrada en cortar las rodajas de pan, pero no podía evitar echar un vistazo a Blake. Se veía atractivo preparando la salsa del espagueti. Y los golpes que tenía en el rostro por la pelea de anoche lo hacían ver todavía más atractivo. Era enfermo, ya sé. Bastante extraño que un chico con golpes y heridas en el rostro me pareciese sexy mientras cocinaba. Ya lo sabía. Pero es que cuando se trataba de Blake no me reconocía en absoluto.

Cuando la pasta de espagueti que la señora Flaubert estaba preparando estuvo lista, Blake vertió la salsa de tomate para servir el espagueti en cada plato y Allison comenzó a colocar los manteles en la mesa al mismo tiempo que el señor Flaubert colocaba los cubiertos. Yo me encargué de colocar la cesta de rodajas de pan, el queso parmesano y la limonada que había preparado el padre de Blake. Por último, Allison colocó los vasos y el tazón de ensalada.

—Siéntate con nosotros, Jane, y así podremos hablar contigo. Blake, ve por tu abuelo, por favor.

Pude notar en la expresión de Blake que no le encantaba la idea de ir por su abuelo para que viniese a cenar, así que el señor Flaubert le insistió que lo hiciera con una sola mirada.

—Tengo que agradecerte por aceptar el empleo para cuidar de mi padre. Como ya lo has visto, él sufre de Alzheimer por lo tanto necesita tener cuidados especiales que son de tiempo completo que mi esposa y yo no podemos darle debido a nuestros empleos. Sé que solo vendrás dos días a la semana, pero quiero que sepas que son muy valiosos para mí. Jane, necesito que sepas que no importa la hora que sea o el asunto que surja, tú siempre deberás avisarnos —Afirmé, segura y atenta—. Si por algún inconveniente no puedo llegar a tiempo para ayudarte, mi esposa lo hará. Si corremos con mala suerte, entonces cualquiera de mis hijos vendrá a apoyarte o, en su lugar, Sonia. Los números de contacto están en la agenda que está en el gabinete de la chimenea artificial. Todos los medicamentos así como los horarios están en esa tabla que ves allá.

Había un pizarrón colgado de la pared de la cocina con una tabla dibujada con gis que indicaba el horario que tenía el señor Albert para cada una de sus medicinas.

—Debes saber que el temperamento de mi padre no es muy bueno y por lo que padece a veces es un poco necio o irrespetuoso. Así que te pido por favor que, si llega a insultarte o decir algo hiriente, no te lo tomes en serio. Solo intenta cambiar el tema, ¿de acuerdo?

—Por supuesto, señor Flaubert.

—Al abuelo le gusta ver un programa de competencia de cocina, así que cuando quieras distraerlo, solo enciende la televisión en el canal once y te aseguró que estará tranquilo —agregó Allison—. Es como si un niño pequeño estuviese viendo un show de Peppa Pig.

—Allison —regañó la señora Flaubert.

La hermana de Blake intentó justificarse diciendo que solo quería ayudarme. Tuve muchas ganas de sonreír, pero no creí que fuera un momento adecuado. Además, no quería ser despedida en mi primer día de cuidadora. Cuando Allison terminó de justificarse, Blake y su abuelo ya estaban en la mesa con nosotros. El señor Albert tomó asiento y quedó frente a frente con el padre de Blake. Ambos estaban en los extremos de la mesa. Yo quedé frente a Blake y su madre, aunque, si soy honesta, al único que le prestaba toda mi atención era a Blake.

—El espagueti está delicioso, ¿quién lo preparó?

—Todos juntos, abuelo.

—Oh. ¿Élise ayudó?

No sabía quién era Élise, así que me interesé en la respuesta de esa pregunta.

—Solo fuimos nosotros, padre. ¿Gustas ensalada? —Me ofreció.

—¿Dónde está Élise? No está cenando con nosotros —Me señaló con la punta de su tenedor—. ¿Sabes dónde está mi esposa? ¿Cómo entraste a mi casa?

—Su nombre es Jane y es su nueva cuidadora —respondió la señora Flaubert—. Élise no está con nosotros porque se fue a la cama temprano.

Allison y su padre asintieron. Quise seguirles la corriente y también afirmé. Supe de inmediato que la familia de Blake intentaba tranquilizar al señor Albert al igual que transmitirle seguridad del lugar en donde estaba aunque eso significaba mentir en el intento. Eso me hizo darme cuenta de que necesitaba informarme más sobre la enfermedad del señor Albert.




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