La Última Flor Para El Invierno

TREINTA Y CUATRO

JANE DEE

Blake ha pasado tiempo en la pastelería comprando montones de rebanadas con chocolate caliente durante los últimos tres días y debido a eso se hizo buen amigo de Devon. Estoy demasiado ocupada atendiendo órdenes de los clientes para unirme en sus conversaciones, pero gracias a una de ellas, ahora conocía la razón por la que Devon había sido contratado. Blake me dijo que el hogar de Devon había sufrido un allanamiento mientras estaban de viaje en San Francisco el mes pasado, perdieron tantas cosas que necesitaban ser reparadas, además de que necesitaba el dinero para conseguir una residencia cerca de Washington para visitar a su pequeño hijo cada mes, ya que no podía quedarse en casa de quien solía ser su suegra, pues no era bienvenido. 

—Esto es para ti, Dev. Hoy estuviste increíble con los clientes. 

—Deberíamos dividir las propinas, Rachel. No es justo para…

—Tonterías, sabemos que lo necesitas más que cualquiera de nosotras. ¿No es así, Jane? 

—Por supuesto. Recibí un buen pago en mi segundo trabajo, créeme que no necesito las propinas por ahora. 

—Muchas gracias, chicas. 

Devon se alejó de nosotras para tomar una llamada y fue hasta entonces que Rachel me llevó dentro del baño.

—¿Vas a decirme qué pasó o no, pilla?

—¿De qué estás hablando?

—Hay algo diferente en ti desde el lunes que Blake vino de sorpresa e hizo lo mismo los siguientes dos días. ¿Me vas a decir qué es eso que percibo?

—De verdad no entiendo de lo que estás hablando. Sabes que Blake y yo salimos juntos. 

—Ya lo hicieron, ¿no? —Abrí los ojos y sentí que mis orejas se calentaban. Rachel sonrió lentamente y abrió los ojos tanto como yo—. Ya lo hicieron, par de enamorados. ¡No puedo creerlo, J! Al fin has cruzado esa línea. Estoy tan feliz por ti.

—No entiendo tu emoción por algo así. Solo… Solo fue… Solo nos acostamos. 

Rachel brincó y sonrió más. 

—Tienes que contármelo todo, Jane.

—¡No! No voy a decirte qué hicimos, Ray. Existe la palabra «privacidad», ¿sabes?

—No seas tonta, Jane, soy una adulta de mente abierta. Puedo hablar y hablar de sexo sin sentirme avergonzada al respecto.

—Pues yo no. Aún no. 

—Solo responde algo: ¿Fue o no fue gentil? 

Rachel no dejaba de mirarme a los ojos esperando mi respuesta con paciencia. Yo sabía que Ray era mi amiga; una amiga de confianza, podía decirle lo que fuera sin sentirme juzgada y quizás podía responder a esa pregunta.

—No lo fue. Para nada —No pude evitar sonreír y emocionarme al recordar todo—. Empezamos bien y luego se descontroló todo. 

—¿Y te agradó?

—No… hemos dejado de hacerlo. 

—¡Jane Dee, eres toda una casanova!

Me abrazó, luego me estrujó las mejillas y me volvió a abrazar con mucha fuerza mientras seguía gritando lo feliz que estaba por mí. 

—Lamento interrumpirlas, chicas, pero Raquel y Steve nos necesitan en el mostrador. 

⁕⁎⁕

Sabía que había algo diferente en ellos. Claro que sabía que estaban planeando algo que no nos habían dicho. Pensé que sería algo respecto al personal o el diseño de interiores de la pastelería, pero me equivoqué rotundamente. Justo ahora sentía que mi corazón se agrietaba y una fuerza que no podía ver me jalaba hasta hundirme debajo de la tierra. Estaba perdida.

—Queremos que nuestro bebé crezca en un lugar diferente y es por esa razón que hemos decidido hacer este cambio. En realidad, Raquel y yo lo hemos estado planeando desde que nos enteramos, lo cual fue hace dos meses —Su embarazo no se notaba en lo absoluto, era sorprendente— y lamentamos mucho tener que avisarles así de repente. Me hubiese gustado que existiera otra forma de hacer esta noticia menos impactante, pero me temo que no la hay.

—¿Y qué pasará con la pastelería? ¿A dónde irán? —preguntó Rachel. 

—La pastelería se marchará con nosotros a Canadá —respondió Raquel—. La casa que mi hermano nos ha conseguido tiene un buen lugar cerca en el que podremos abrir Chispas Cake una vez más. 

—De nueva cuenta, les agradezco a los tres por haber puesto todo su cariño y dedicación en este lugar. Agradezco la  confianza de cada uno de ustedes hacia mí y mi esposa. Eso es algo que jamás vamos a olvidar. 

—Devon, aunque estuviste muy poco tiempo con nosotros, te doy las gracias por dar todo tu empeño a nuestra pastelería. Jamás había visto a un chico tan flexible y aplicado como tú en un trabajo de medio tiempo tan humilde como este.

—Yo doy las gracias por la oportunidad, Raquel. 

—Terminaremos la próxima semana y haremos una pequeña celebración aquí antes de marcharnos. Ustedes y sus familias están invitados por supuesto —Steve estaba tan feliz, casi como cuando horneaba pasteles—. Y no se preocupen por su último pago, recibirán más por todo lo que hicieron por nosotros. 

Devon y Rachel estaban deseando suerte para Raquel y Steve en esta nueva aventura que emprenderán con su bebé en camino. Se suponía que debía hacer lo mismo. Se suponía que yo debía estar feliz por esta nueva etapa en sus vidas, pero no lo estaba. En absoluto. Pensé en la reacción de Tim. Pensé en mi futuro sin ellos viviendo en Michigan. Pensé en lo que sería de mi vida sin la pastelería. Pensé y pensé y pensé que olvidé lo más importante. Ellos. Raquel, Steve y el nuevo bebé. Solo pensaba en mí y no era tiempo para hacerlo. 




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