La última lágrima dorada.

Capitulo 32# ¿Dónde está Fayrha?

Jamás podré borrar el eco de la felicidad que el destino nos confió. Aquellos destellos, al final, se convirtieron en la luz que me sostuvo cuando el abismo se abrió bajo mis pies.

—Erebos

Elysia

​Observo a Fayrha sentada en el sillón, jugando distraídamente con esferas de fuego en el salón del trono; parece una niña pequeña. Me acerco a la ventana y veo a Erebos en el jardín, conversando con el hombre que vi junto a Fayrha hace unos días.

​—Fayrha —la llamo. Ella voltea a verme sin interrumpir su juego—. ¿Quién era el hombre con el que estabas hace unos días?

​De reojo, noto cómo se dibuja una sonrisa en su rostro.

​—Lograste verlo —contesta. Deja de jugar y se levanta del sillón con un suspiro—. Es alguien muy especial. Digamos que se encarga de cada hilo de nuestra existencia y está presente en cada momento de ella.

​La miro con confusión y ella ríe de lado.

​—Es el Destino, Elysia.

​—¿El Destino? ¿Ese Destino? —pregunto, incapaz de ocultar mi sorpresa.

​—Si no me equivoco, solo hay uno —responde ella con un tono burlón.

​De pronto, un estruendo sacude el castillo. Las luces se apagan de golpe y los gritos comienzan a resonar por los pasillos. Las puertas del salón del trono se abren de par en par, dejando entrar una niebla oscura y densa. Fayrha reacciona al instante lanzando una esfera de fuego hacia la penumbra.

​Siento que mi cuerpo se tensa; la adrenalina recorre mis venas mientras Fayrha clava su mirada en la entrada. Una risa escalofriante desgarra el silencio, provocándome un escalofrío que me recorre la espalda.

​—¡Basta de esto! ¡Sal de una vez! —grito, acercándome a Fayrha con una mirada de advertencia—. Basta de juegos mentales y manipulaciones.

​—Oh, cariño, ¿ya te cansaste? —Escucho esa voz, la misma de mis pesadillas—. Pero si apenas estoy comenzando.

​Oscuren emerge de las sombras, sosteniendo en su mano la misma esfera de fuego que Fayrha lanzó hace un momento.

​—Creo que esto es tuyo, preciosa —dice con malicia, arrojando la esfera directamente hacia Fayrha.

​Rápidamente, creo un escudo de luz para interceptar el ataque.

​—No me dejan divertirme —se queja ella riendo. De la oscuridad, forma dagas que lanza en nuestra dirección.

​El escudo se desvanece. Cierro los ojos un segundo y, al abrirlos, encuentro a Fayrha en el suelo con una daga clavada en su hombro izquierdo. Corro hacia ella para curarla, pero ella me detiene.

​—¡Nooo! —grita Fayrha, levantándose con esfuerzo.

​Volteo y veo cómo detiene un ataque de Oscuren con una espada de fuego. El metal choca contra la magia y Fayrha deja escapar un grito de puro dolor. A lo lejos, escucho la voz de Erebos llamándome desesperadamente por los pasillos.

​Oscuren mira a Fayrha con burla y, con un movimiento violento, la lanza por los aires. Su cuerpo impacta brutalmente contra una columna. Me levanto llena de rabia, forjo una espada de luz y la ataco. Ella esquiva el golpe, pero no es lo suficientemente rápida; mi arma le deja un rasguño en el brazo derecho.

​—Vaya, ya había olvidado cómo se siente sangrar un poco —comenta con tono burlón—. Ay, no me digas que estás molesta.

​—¿Por qué? ¿Por qué ahora? —le exijo saber.

​Ella ríe con ganas.

​—Sabes, iba a esperar al momento en que fueras más feliz, pero me aburrió la espera. Así que decidí agregarle un poco de "diversión" a este juego…

​Al decir esto, hace que la niebla arrope a una Fayrha ya inconsciente.

​—¡No la toques! —La voz de Daarlen retumba en el salón. Arremete contra Oscuren, quien sale volando por la ventana hacia el jardín.

​La oscuridad se disipa, pero Fayrha ya no está.

​—¿Dónde está Fayrha? ¡¿DÓNDE ESTÁ FAYRHA?! —Daarlen grita desesperado, tirando de su cabello.

​Escucho pasos acercándose al salón, pero no me detengo. Salto por la ventana, ruedo al caer y me interno en el bosque siguiendo el rastro de la oscuridad.

​—¡Fayrha! —grito desesperada.

​—¿Dónde estás, Fayrha? —La voz de Oscuren me devuelve el grito como un eco burlón.

​La ira me consume. Corro más profundo, ignorando el peligro.

​—¡Fayrha, contesta! ¡No le hagas daño!

​—"¡Oh, no le hagas daño! ¡Fayrha! ¡Fayrha!" —Se burla ella a mis espaldas con esa risa que me hiela la sangre.

​Me giro y la veo sonreír.

​—Te llevaré a donde está ella… —Es lo último que escucho antes de sentir una debilidad extrema. Miro mi brazo: tengo un corte profundo y la piel se está tornando oscura. Veneno.

​Miro las dagas en el suelo con la vista nublada. Oscuren se acerca, me toma del cabello y me obliga a mirar hacia el frente.

​Estamos en la frontera, donde la barrera separa los mundos. Una niebla oscura se arrastra por el suelo. Ella levanta las manos, chasquea los dedos y la bruma desaparece para revelar el horror: hay decenas de cuerpos de espíritus. Aquellos que habían desaparecido. Están muertos, vacíos, sin la luz que los hacía ser ellos mismos.

​—Cómo… —logro articular débilmente.

​—¿Te gusta mi regalo? Sabes, es difícil acabar con un espíritu… pero yo soy la Oscuridad, y siempre encuentro el modo.

​—Ellos…

​—Sí, querida Elysia. La luz es tan falible como la oscuridad, pero el poder siempre es corrupto —susurra en mi oído desde atrás—. La única manera de acabar con un espíritu es corrompiéndolo.

​Es lo último que escucho antes de que el mundo se desvanezca y todo se vuelva negro.



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En el texto hay: amor, oscuridad y luz, reino y destino

Editado: 08.01.2026

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