"Si el fuego me redujo a polvo, que sepa que no renazco; sino que, de mis cenizas, he forjado un nuevo cimiento."
Desesperada, corro por el bosque sintiendo que algo o alguien me persigue. Llego al mismo lugar donde un día conocí a aquel que fue, y será, mi otra mitad. Él y yo nunca debimos cruzar caminos, nunca debimos conocernos... pero si tuviéramos que volver a encontrarnos, lo volvería a hacer.
El destino no decidirá cómo moriré; si lo hace, no le tendré miedo a la muerte. Y si algún día renazco, solo espero que esta vez la oscuridad no gane.
Me detengo frente a la barrera y me volteo al sentir una presencia. Me encuentro con una nube negra; sea lo que sea, siempre aparece con una forma diferente.
—Deja de esconderte tras esa nube negra —respondo agitada, escuchando su risa maliciosa—. Sabemos que esa no es tu verdadera cara.
—Si no te gusta esta cara, bueno... —La voz sale distorsionada desde las sombras, mostrando el rostro de la persona que un día amé y que esta misma oscuridad me arrebató. Su sonrisa se ensancha. Mi enojo aumenta mientras lágrimas amargas caen. Mis manos tiemblan; siento el corazón golpear con tanta fuerza en mi pecho que puedo escucharlo—. ¿Qué tal este rostro? —pregunta con burla.
—No ganarás.
—Tú no lo vas a decidir, simple espíritu... —La sombra se mueve con una velocidad cegadora hacia mí. Siento cómo desgarra mi cuello.
Llevo mis manos a la herida mientras mis rodillas golpean el suelo.
—¿No te parece una linda forma de morir lentamente? —comenta con sarcasmo. Siento cómo, poco a poco, me voy desvaneciendo—. Y ahora dime: ¿quién ganó al final?
Su voz se apaga. Lo último que siento es una lágrima recorrer mi mejilla y el frío abrazándome, dándome la bienvenida.
Elysia
Despierto abruptamente, sintiendo todo como si lo hubiera vivido en carne propia.
—¿No te gustó el recuerdo? —escucho el susurro de Oscuren, apareciendo entre las sombras.
—¡Deja de jugar con mi mente! —grito mientras trato de zafarme de las cadenas sin éxito.
—Esta vez no he jugado con tu mente. Eso en realidad pasó en el pasado —dice mientras me clava una daga impregnada de magia en la pierna—. Creo que lo estás recordando porque estás aquí, siendo torturada.
Mi grito desgarra el aire cuando presiona la hoja contra mi piel. Su sonrisa se ensancha al ver que todavía la reto con la mirada.
—Veo que tu espíritu no ha perdido su valentía, pero lo único que lograrás es que esta tortura sea más divertida para mí.
Saca la daga. Mi cuerpo está tan débil que no tengo fuerzas ni siquiera para curarme. La oscuridad me abraza de nuevo, haciéndome perder el conocimiento mientras escucho un grito desgarrador a lo lejos... es Fayrha.
Fayrha
Despierto y encuentro mi cuerpo cubierto de quemaduras que desprenden energía oscura.
—Un veneno letal para una lucecita como tú, ¿no crees? —su susurro vuelve a presentarse.
—Juegas con mi mente, pero al final nada acabará como tú quieres.
—¿Te crees la dueña del destino? ¿Dónde crees que terminará toda esta oscuridad? ¿Crees que desaparecerá así como así? —me mira detenidamente—. No podemos desaparecer, porque para que tu luz exista, tiene que existir lo contrario. O seguimos en este mundo acechando entre las sombras, o consumiremos a otra alma.
—Te regresaré al mismo lugar de donde saliste. No volverás a lastimar a nadie.
Su carcajada resuena como un eco frío que me eriza la piel.
—¿Al mismo árbol donde estás atada? —la miro sorprendida—. Fue aquí donde comenzó todo... y esta persona que tienes al frente fue a la que consumí. Ella era una guardiana, justo como tu amiguita. Su misión era no dejarme salir... y no lo hizo, al menos hasta el último momento.
Su risa venenosa se escucha por última vez antes de soltar un susurro final y desaparecer:
—Y todo para salvar a Destino... cuando el mismo Destino no la pudo salvar a ella.