Pasado mucho antes de la barrera...🪷
Destino
Sus risas y su mirada se volvieron un refugio para mí, y cuando no está presente, el deseo de tenerla a mi lado no desaparece; eso me vuelve loco...
Me lo advirtieron: el amor te vuelve vulnerable y te empuja a proteger a una persona a toda costa. Desde el primer momento en que la vi, me di cuenta de que ya estaba perdido. Mi pequeña guardiana, te volviste un arma capaz de acabar conmigo en cualquier momento.
—Destino, ¿te quedarás ahí parado o vas a seguirme? —escucho su voz.
—Voy hacia ti, mi pequeña guardiana.
—Deja de llamarme "pequeña guardiana" —contesta, arrugando la nariz mientras me mira.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro.
—Llegaremos tarde a la lluvia de estrellas.
—Entonces apuremos el paso, pequeña guardiana —respondo mientras me acerco a ella y le revuelvo el cabello.
—¡Oye!
Río y echo a correr al ver que empieza a perseguirme. Subimos aquella colina donde se alza el Árbol Dorado, el que contiene el poder más peligroso y que mi pequeña guardiana debe proteger. De pronto, siento cómo alguien se lanza hacia mí, abrazándome por la espalda y haciéndome perder el equilibrio. Rodamos por la colina entre risas hasta que nos detenemos.
Siento su peso sobre mi pecho; una cabellera rojiza y su aroma a bosque y menta me golpean los sentidos. Respiro profundo, sintiendo cómo mi corazón se descontrola. Ella levanta la vista y me mira con esos ojos que me invitan a perderme en ellos. Y lo haría un millón de veces, porque es ella: mi pequeña guardiana, mi Vhalrhys.
—Pídeme que me quede a tu lado y lo haré —susurré, sintiendo su calor contra mi pecho—. Dime que mande al olvido los hilos de este mundo, y que el único destino que sostengan mis dedos sea el tuyo, Vhalrhys.
Vhalrhys
Él me miró con tanta intensidad que, por un momento, olvidé que es un ser eterno y yo no. En sus ojos no había siglos, ni eras, ni finales; solo estábamos nosotros dos. Me hizo sentir que el tiempo no existía, que mi vida no era un suspiro comparada con su eternidad, sino que yo era su único presente.
Sus manos bajaron a mi cintura, atrayéndome hacia él con una firmeza que me hizo temblar. Cuando sus labios rozaron los míos, el mundo alrededor de la colina se apagó. Ya no importaba el Árbol Dorado, ni las guerras, ni el mañana; solo importaba el calor de su cuerpo contra el mío y la promesa silenciosa de que, aunque yo fuera mortal, en ese beso era tan eterna como él.
Destino
El bosque se siente vacío y frío. El sentimiento de culpa que arrastro es tan grande que siento que me ahoga. Las lágrimas corren por mi rostro y cada una de ellas quema tanto que siento mi corazón arder.
Su rostro y sus ojos invaden mi mente; recuerdo cómo, poco a poco, su brillo se pierde hasta volverse oscuro y gélido. Sé que cuando llegue ese momento, mi vida no será nada en este mundo.
—¿Por qué tú, mi Vhalrhys? —un hilo de voz escapa de mí y, al pronunciar su nombre, mi corazón se hace pedazos—. Mi pequeña guardiana...
—No vayas a intervenir... —escucho un susurro en el viento. Su voz me transmite una calma sobrenatural.
—¿Quién eres?
—Querido Destino, a pesar de que lo sabes todo, déjame decirte que no siempre hay que elegir el único camino trazado. A veces es bueno desviarse para encontrar un mejor final...
—¿Por qué me dices esto? —pregunto mientras me limpio las lágrimas.
La voz vuelve a susurrar, suave y constante:
—Porque si el Destino no es feliz, ¿por qué lo sería yo? Cuando tú eres feliz, yo lo soy, Destino.
Miro hacia donde dejé a Vhalrhys, en la colina del Árbol Dorado... aquel que ella juro proteger.