Fayrha
Siento un viento frío golpear mi cuerpo débil. Las pesadillas del pasado vuelven, formando grietas; aquellas que un día cerraron, vuelven a abrirse. Algo o alguien no permite que esas heridas dejen de doler... Las sombras de mi pasado son una oscuridad que se resiste a dejarme ver la luz.
Flashback
Camino al campo de entrenamiento mientras siento cómo uno de los guardianes líderes me empuja para que avance rápido.
—¡Muévete, mocosa! —me grita, empujándome de nuevo y haciendo que caiga al suelo.
Me levanto y me coloco en el círculo de fuego que han creado. Este entrenamiento es nuevo. Miro a mi alrededor y veo cómo diez guardianes fénix me rodean.
—Prueba de instinto —escucho la voz de la líder y veo cómo me lanza una venda—. Cúbrete los ojos, guardiana.
Tomo la venda con el corazón palpitando a mil por hora. El miedo me hace temblar mientras me cubro la vista.
—Comiencen —ordena la líder.
Siento cómo el fuego me ataca desde todas partes. Las llamas queman cada centímetro de mi piel; caigo de rodillas cuando el ardor invade mi ser. Mi respiración se vuelve agitada, el terror me golpea con fuerza.
“Para hacerte fuerte, primero tienes que romperte desde adentro... No todos los guardianes lo logran; algunos no lo soportan y se consumen a sí mismos, muriendo en el proceso”. Aquellas fueron las primeras palabras que escuché cuando me trajeron al Reino de los Guardianes, y fueron el inicio de mis pesadillas.
—¡Levántate ahora!
—No... no puedo... —mi voz apenas sale.
Siento cómo me levantan a la fuerza y me empujan. Mi pequeño cuerpo sale volando por los aires hasta chocar contra un árbol. La venda cae de mis ojos y logro ver a la guardiana líder acercándose a mí, furiosa, pero una figura se interpone. Es un hombre con una capa negra que cubre su espalda; no logro ver su rostro.
—Veo que, por más que intervenga en este lugar, todavía siguen siendo una mierda de guardianes —habla el hombre misterioso con voz ronca y un suspiro de cansancio.
—Tú eres... el Destino —contesta la líder con nerviosismo y... ¿miedo?
—Se supone que este lugar es para formar guardianes, pero veo que ustedes, en vez de enseñarles, lo que hacen es dañarlos —responde él, molesto. Su voz suena como un latigazo y la guardiana líder cae de rodillas.
—Perdóneme, señor... por favor, perdóneme —suplica ella.
Todos los presentes observan al Señor Destino con una mezcla de curiosidad y temor. Me levanto como puedo y camino hacia ella. Siento su mirada fija en mí.
—¿Y a mí no me vas a pedir perdón? ¿A todos nosotros? —mi voz sale afilada como una daga.
Ella me mira con ira, pero su expresión cambia al notar la presencia de Destino.
—Señor... —intenta interrumpir.
—Ya escuchaste. Pídele perdón a ella, a todos... Te lo ordeno —sentencia Destino.
—Per... per... —tartamudea ella, mirando a Destino con desafío, aunque el miedo sigue ahí—. No lo haré. Porque gracias a mí, todos ustedes —señala a cada guardián— son ahora verdaderos guerreros. Así que... no tengo por qué pedirle perdón a nadie.
Termina de hablar, me sujeta del cuello y me levanta en el aire. Siento cómo el aire comienza a faltarme.
—Y tú, niña inútil, vienes aquí y me retas... me desafías...
—¡¡SUÉLTALA AHORA!! —el grito de Destino es furioso. Llega rápidamente hacia ella y la lanza por los aires, alejándola de mí.
Toso violentamente en cuanto puedo respirar de nuevo. El Señor Destino me mira preocupado, observando cada herida y quemadura en mi pequeño cuerpo.
—¿Cómo pueden ser tan crueles con una niña? —me carga en sus brazos y mira a los demás—. Si vuelven a hacer algo así, conocerán mi ira. Aunque tenga que acabar con todos ustedes. Este reino tiene que cambiar o lo reduciré a cenizas. Esta es mi última advertencia.
Es lo último que escucho antes de que el cansancio venza a mi cuerpo.
Fin del flashback
Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Cuando pensé que mi mundo se venía abajo, mi salvavidas vino a rescatarme. Cuando aquella prisión quiso acabar conmigo, tú me liberaste, Destino.
Las lágrimas caen por mi rostro. Tomo las cadenas y tiro de ellas con todas mis fuerzas. Tengo que ser la guardiana que él creyó que podía ser. Él confió en mí y no pienso defraudarlo. Siento cómo mis llamas emergen y, con un estallido de poder, las cadenas se hacen pedazos.
Veo mis brazos envueltos en fuego y comienzo a curar mis heridas. Al terminar, busco una salida hasta encontrar una grieta. Me detengo al llegar a ella, pero entonces suspiro y corro en la dirección contraria.
Tengo que rescatar a Elysia.
Horas antes
Daarlen
Camino por el bosque del reino de Elysia hasta llegar a la barrera dorada. Me quedo ahí, parado, mirándola con un suspiro.
—Con mirarla fijamente no harás que desaparezca. Créeme, eso no va a funcionar —escucho una voz detrás de mí. Un hombre se coloca a mi lado.
—¿Quién eres? —pregunto sin mirarlo.
Él suspira.
—El padre de Fayrha.
Volteo a verlo. Tiene una expresión de profunda tristeza y preocupación.
—¿Eres el Destino?
—Veo que te habló de mí —sonríe apenas, aunque la alegría no llega a sus ojos—. Lo siento, debí llegar antes.
Mi voz sale débil y siento un nudo en la garganta.
—No es tu culpa, chico —dice, y levanto la mirada para verlo mejor—. Fue la mía. Yo debí protegerla. Fue mi error desde el inicio; si hubiera intervenido antes... Mis propias reglas son las cadenas que me atan. Soy un idiota por no romperlas para proteger a mi niña.
Siento cómo su voz se quiebra. Una lágrima corre por mi mejilla.
—Eso ya no importa. Lo que importa ahora es luchar y recuperarla.
—Tienes razón —asiente—. Pero que sepas que, cuando Fayrha esté de vuelta, tú y yo tendremos una charla —me mira con seriedad.