ELYSIA
Y con una sola mirada, nuestro lazo se unió como la primera vez; pero esta vez las sombras fueron más fuertes y te alejaste poco a poco, olvidando cada recuerdo de nuestra historia.
Veo cómo Erebos me mira con frialdad.
—Aléjate de mí y no te acerques —habla fríamente, mientras aquella mirada que antes me observaba con amor ahora solo se muestra vacía.
—Los recuerdos se podrán borrar de tu mente, pero tu alma nunca los va a olvidar —contesto en voz baja, mirándolo fijamente sin apartar la vista.
Un mareo me hace retroceder y Daarlen se me acerca rápidamente, pero lo detengo con la mano.
—Estoy bien —hablo. Miro de reojo a Erebos y, por un breve segundo, tan fugaz que casi parece irreal, la preocupación aparece en sus ojos; pero así como llegó, vuelve su expresión gélida.
Te conozco tan bien que sé que eso es solo una máscara...
Recuerda quién soy, Erebos...
Le doy una última mirada y salgo del salón para caminar hacia la habitación donde estaba antes. Mi mente está tan confusa que no noto que Fayrha camina a mi lado en todo momento. Cuando llego a la habitación, ella me toma de los hombros y me mira con tristeza.
—Él recordará. Si no es hoy, será otro día... —responde susurrando, y con solo esas palabras siento cómo me hago pedazos.
Mi corazón se rompe en mil fragmentos y aquellas lágrimas que oculté hace un momento brotan como cascadas. En toda la habitación siento cómo me hago cada vez más pequeña mientras los recuerdos del pasado vuelven a mi mente, recordándome a aquel Erebos que un día conocí y al que ahora las sombras no le permiten recordar.
Flashback
—El Rey tiene cosas que lo están atormentando.
—¿And qué harías si eso pasara? —contesta él sin apartar la mirada de mí, mientras se acerca hasta quedar frente a frente.
—Esto... —respondo riendo, mientras creo una esfera de luz y la coloco cerca de su cabeza, mirándolo a los ojos—. Un poco de luz para que sus sombras no lo atormenten, mi querido Rey.
Fin del Flashback
Aquella tarde regresó a mi mente. Sus ojos me miraban con amor y ahora son fríos como el hielo.
Camino fuera del castillo del Reino de Erebos hasta llegar al inicio del bosque. Mi propio reino no tiene a nadie en este momento. Siento una mirada fija en mí; no volteo y sigo observando la espesura de los árboles.
—Ya Oscuren no está; ahora el reino estará a salvo —escucho decir a Fayrha mientras llega a mi lado. Me mira para luego observar el castillo de reojo y suspirar frustrada.
—Es Erebos, ¿cierto? —contesto sin volverme.
—Sí. Te mira como si quisiera matarte... —responde y aprieta las manos, furiosa.
—No es él, son las sombras... —contesto, volteando por fin a verla—. No porque Oscuren se haya ido significa que la oscuridad en este reino se haya acabado; siempre estará al acecho. La diferencia es que Oscuren ya no dañará a nadie más, pero la oscuridad va a esperar una oportunidad para salir.
—Deberíamos irnos a tu reino —habla Fayrha, volviendo a mirar hacia la estructura de piedra.
—Yo también creo que deberíamos volver, pero... —Volteo a ver el castillo. Él sigue ahí, parado en la ventana: Erebos, sin apartar la mirada. Suspiro y regreso la vista a mi guardiana—. Tres días. Solo tres días y después regresamos a mi reino.
Ella asiente feliz, pero noto en su mirada un poco de tristeza.
—Puedes venir a ver a Daarlen cuando tú quieras, Fayrha... Pero si te quieres quedar, no me interpondré —hablo, y veo cómo me mira sin saber qué decir—. Si tu corazón te pide que te quedes, solo hazlo.
Me alejo de ella para dejarla pensar y camino de regreso al castillo. Al entrar, veo que por uno de los pasillos viene una chica de piel pálida y ojos azules con un vestido lila; detrás de ella camina una sirvienta. Sin prestarle atención, paso por su lado sin voltear, aunque de reojo noto que me mira con curiosidad.
De repente, escucho a mis espaldas una discusión.
—Debes tenerle respeto a la señorita Lahyra —dice una voz.
¿Lahyra?
Volteo y aparece Daarlen, quien toma a Fayrha por el brazo, ya que parece estar furiosa.
—¡Suéltame, Daarlen, que no fue mi culpa! —habla con rabia mientras él trata de calmarla.
—Usted quiso hacer caer a la señorita Lahyra —insiste la sirvienta, nerviosa.
Me acerco a ellos y veo cómo Fayrha se pone roja de la rabia. En cualquier momento comenzará a echar humo.
—Ahora es un crimen estar distraída. No la vi venir y chocamos... Daarlen —se defiende Fayrha. Él asiente mientras la sostiene.
—Te creo, cariño. Cálmate.
Llego hasta ellos y observo cómo la llamada Lahyra mira con pena a Fayrha.
—Disculpen mi interrupción. ¿Está bien, señorita Lahyra? —hablo para calmar de una vez la situación.
—Sí... —habla seca, mirándome.
Asiento.
—Está bien. Entonces, Daarlen, llévate a Fayrha para que se calme un poco —susurro esto último para él. Daarlen me mira como si tuviera una lucha interna entre marcharse o quedarse—. Daarlen... —le ordeno con la mirada.
Él asiente y se lleva a Fayrha.
—Disculpe a mi guardiana, no pasará de nuevo —hablo, y veo cómo la chica llamada Lahyra se sorprende por mi tono.
Me doy la vuelta para retirarme cuando escucho la voz de la sirvienta:
—Disculpe, ¿quién es usted?
Volteo y, con una sonrisa de lado, respondo:
—Soy la Reina Elysia, del Reino de los Espíritus —contesto sin apartar la mirada de la joven.
—¿El Reino de los Espíritus? ¿El de la leyenda...? —habla la sirvienta, asombrada.
—Algunas leyendas tienen algo de verdad, pero no todas merecen ser descubiertas... —respondo, y me alejo perdiéndome en los pasillos del castillo.