VHALRHYS
Veo la gran barrera dorada y me acerco a ella. Levanto mi mano para tocarla y esta desprende una luz cegadora que se expande por toda la superficie. Retrocedo cuando a mi mente llegan todos esos recuerdos, tanto los buenos como las pesadillas de los días en que Oscuren tenía el control de mi cuerpo.
—Vhalrhys... —escucho la voz de Destino a mis espaldas.
Me giro y lo miro a los ojos. Lágrimas bajan por su rostro mientras se acerca a mí.
—Destino... —digo su nombre en un susurro. Con una sola mirada nos lo decimos todo; aquellos sentimientos que las palabras no alcanzan a explicar. Esas emociones que Oscuren quiso borrar fueron las mismas que, al final, me salvaron de la oscuridad que me consumía por dentro.
Me acerco a él rápidamente y lo abrazo, mientras él me corresponde con la misma desesperación. Esto era exactamente lo que necesitaba para que mi corazón comenzara a sanar. Nos separamos solo un poco y juntamos nuestras frentes, dejando que el resto del mundo desaparezca. Cuando estamos juntos, lo demás siempre pasa a segundo plano. Él es mi Destino y yo soy su amada Guardiana; eso nos basta para enterrar el pasado y comenzar nuestro presente.
—Un "te extrañé" no basta para expresar la falta que me hizo tu presencia, mi pequeña Guardiana —contesta Destino mientras me abraza de nuevo, como si temiera que fuera a desaparecer otra vez.
—Mi querido Destino, no iré a ningún lado esta vez. No si tú no estás a mi lado —hablo, sosteniendo su rostro entre mis manos. Lo miro con un sentimiento inexplicable; las palabras se quedan cortas para lo que siento por él.
Y es que él es mío. Si alguien se atreve a interponerse entre nosotros, más le vale pensarlo dos veces. Porque mi querido Destino ya tiene dueña.
—¿Me echaste tanto de menos? —pregunto. Él parece pensarlo un segundo, niega con la cabeza y luego sonríe.
—¿Un siglo entero esperando tu regreso te parece poco? —responde Destino, mirándome con ternura—. Esperaría lo que fuera, los años o los siglos que hicieran falta, porque eres tú, mi pequeña Guardiana. —Termina de hablar y, con un gesto cariñoso, me revuelve el cabello.
—¡Destino! —protesto, porque sabe perfectamente que no me gusta que haga eso.
—¿Qué? ¿Ya te enojaste? —bromea, volviendo a hacerlo mientras suelta una risa ligera.
—¡Me la vas a pagar! —le advierto, arremetiendo contra él mientras él empieza a correr para que no lo atrape.
Mi querido Destino... Quién diría que, a pesar de todo el tiempo que estuvimos separados, se siente como si los años jamás hubieran pasado. Seguimos teniendo la misma esencia; seguimos siendo los mismos. Solo que ahora no dejaremos que nadie nos separe. Si alguna vez volvemos a alejarnos, será porque nosotros lo decidimos, jamás por culpa de terceros.