EREBOS
Todo a mi alrededor es oscuro, pero a mi mente llega una voz que hace que mi mundo se ilumine. Sin embargo... las sombras esconden a la dueña de ese sonido.
¿Quién eres? ¿Y por qué estas sombras se esfuerzan tanto para que yo no pueda recordar tu rostro?
La oscuridad, por primera vez, le teme a tu recuerdo; tanto, que borró todo rastro de ti en mi mente. Pero no pudo borrar la huella que dejaste en mi alma. A pesar del vacío, mi esencia te reconoce. Tu voz. Tu risa. Tu presencia, aquella que calla a las sombras, pero que también las vuelve una amenaza dispuesta a destruirte.
¿Volveré a recordarte?
Eres mi pequeño tormento dorado...
¿Quién eres para mí, para que las sombras te teman tanto?
Suspiro y me levanto del trono. Siento cómo los susurros regresan.
—Otra vez... no se callan —hablo para mí mismo. En ese momento, escucho unos pasos acercarse.
—Otra vez las sombras están atormentando a mi Rey —escucho una voz a mi lado. Volteo y veo a Elysia.
¿Cómo sabe ella de las sombras? La miro confundido y ella sonríe.
—Volvieron a atormentar a mi Rey, lo ayudaré —contesta e intenta tocarme. Le tomo la mano rápidamente, deteniéndola, y la miro enojado.
"Acaba con ella, Erebos..."
Escucho los susurros y cierro los ojos mientras suspiro. Al abrirlos, noto la expresión de Elysia; hace una mueca de dolor. Suelto su brazo de inmediato y ella se soba la zona donde apreté su muñeca.
—Yo... yo... —Intento hablar, pero ella me interrumpe.
—Eso no me lastima. Lo que sí lo hace, es que no recuerdes nada de mí —responde, mirándome como si buscara en mis ojos aquellos recuerdos que dice que olvidé.
—¿And qué harías si no llegara a recordarte? —le lanzo la pregunta. Ella niega con la cabeza mientras suspira.
—No voy a permitir que me olvides, Erebos. Te ordeno que me recuerdes... —contesta Elysia, mientras una lágrima traicionera baja por mi mejilla—. No se olvida aquello que un día se amó.
Veo en sus ojos una pequeña luz dorada. Esos ojos... Mi corazón empieza a palpitar descontroladamente. ¿Quién eres, Elysia? ¿Por qué te cuesta tanto dejarme ir? ¿Por qué me obligas a recordarte?
Limpio la lágrima de su mejilla mientras la tomo del rostro y me acerco a ella.
—No te rendirás.
—Tú jamás lo harías conmigo, Erebos. Así que, ¿por qué tendría yo que rendirme? —contesta, y veo en su mirada una determinación inquebrantable.
"No dejes que te engañe..."
"Miente..."
Gruño cuando los susurros se vuelven más fuertes. Intento alejarme para no hacerle daño otra vez, pero ella me sujeta con fuerza de la mano para impedirlo.
—Te puedo hacer daño... —le advierto. Ella niega.
—Nunca me harías eso, Erebos... —habla y, desde su mano, crea una esfera de luz. La acerca al lado de mi cabeza y me mira—. Un poco de luz para que las sombras no atormenten a mi Rey.
La miro a los ojos, sorprendido. Alguien ya me había dicho eso antes... El eco de una voz familiar resuena en mi mente: Un poco de luz para que sus sombras no lo atormenten, mi rey...
Confundido, la observo y ella sonríe. La esfera desaparece y Elysia se quita del cuello un collar de diamante con forma de estrella, rodeado por un círculo dorado. Lo toma en sus manos y veo cómo lo llena de luz; el objeto emite un brillo tan intenso que deslumbra.
—Acércate —me pide Elysia. La miro desconfiado.
—¿Por qué lo haría?
—¿Qué? ¿Tienes miedo? —me provoca, divertida.
—Deberías.
—No... Esto te ayudará para que las sombras no te atormenten —responde. Se coloca de puntillas para ponérmelo, pero no alcanza—. Erebos... no puedo...
La interrumpo y me agacho a su altura, quedando frente a frente. Sus mejillas se ruborizan; sonrío para mis adentros mientras ella, por fin, me abrocha el collar.
—Listo —contesta y se aleja un poco.
—Con esto... ¿ya no escucharé las sombras? —le susurro. Ella asiente.
—Tiene un poco de mi luz, pero cada tres días tengo que volver a cargarlo con mi poder —explica Elysia. Yo solo asiento.
Los susurros se han desvanecido. Ya no los escucho.
—Vaya forma de marcar territorio —escucho la voz de Fayrha en el salón del trono.
—¿Qué dijiste? —Hablo y me giro hacia ella.
Ella niega de inmediato. Noto que Daarlen está a su lado, mirándonos con una sonrisa. ¿Qué le pasa ahora?
—Nada, nada... Yo... estaba hablando con Daarlen —se excusa rápido. Lo mira y él asiente de inmediato.
—Sí, ella estaba hablando de mí —añade Daarlen, nervioso.
Veo de reojo cómo Elysia le guiña un ojo a Fayrha y esta ríe. Sonrío para mis adentros, sintiendo una calidez extraña en mi interior que hace que mi corazón lata con fuerza.
ELYSIA
Salgo del salón del trono y camino por los pasillos del castillo con una sonrisa. Veo pasar a mi lado a la chica de antes, Lahyra; apenas me dirige la mirada. La ignoro y sigo mi camino para salir del castillo, hasta llegar al inicio del bosque.
Me adentro en la espesura hasta acercarme a la barrera. Siento pasos detrás de mí; los ignoro y continúo. Los ruidos se escuchan cada vez más cerca. Volteo, pero no hay nadie.
—Destino, aparece como una persona normal... —murmuro.
Gruño al sentir que alguien está justo a mi espalda. Me giro, pero de inmediato unos brazos me sostienen por la cintura y me hacen dar una vuelta, dejándome atrapada contra su pecho.
Erebos...
Lo miro sorprendida. Él me tapa la boca con la mano y nos arrastra detrás de un árbol, quedando frente a frente. Confundida, noto que me hace una seña para que guarde silencio y mira hacia la izquierda. Dirijo mi vista hacia allá y veo una manada de lobos correr por el bosque hasta desaparecer entre los árboles.
Siento la mirada de Erebos sobre mí. Volteo a verlo; estamos tan cerca que nuestras respiraciones se mezclan. Sus ojos verdes me miran fijamente. Esos mismos ojos que un día me miraron con amor, ahora solo intentan descifrar quién soy.