La última lágrima dorada.

Capítulo 48#

«Porque mi alma recuerda cada huella que dejaste, y aunque mi mente te borró, mi corazón nunca te olvidó.

Cada latido me recuerda que tú eres la mujer que siempre he amado... y que siempre lo serás, mi pequeña tormenta dorada».

​— Erebos

​Elysia

​Veo el amanecer desde el balcón del castillo de Erebos. El sol ilumina todo a su paso, dándole luz al reino y calidez al corazón del rey de estas tierras.

​Suspiro y volteo a ver a Fayrha.

​—Ya es hora de volver.

​Ella asiente con tristeza mientras camino fuera de la habitación para salir del castillo.

​Salgo al jardín y vuelvo la mirada hacia la ventana del salón del trono; está completamente cerrada. No hay siquiera rastro de su sombra, pero el sentimiento de que su esencia está presente y me observa desde algún lugar lo siento filoso, como una hojilla. Como si en cualquier momento y con cada respiración fuera a cortarme... Pero aunque lo hiciera, no me importaría, porque al final del día lo ocasionaría él, y él nunca sería capaz de dañarme. Jamás lo haría.

​Me giro hacia el bosque y camino hacia él, pero una voz me detiene.

​—No vuelvas a este castillo... —escucho una voz femenina a mis espaldas.

​Me giro y veo a Lahyra mirándome fríamente. En sus ojos se nota un vacío oscuro.

​—Lahyra... estás caminando en terreno peligroso. Te aconsejo que te detengas —hablo con calma, aunque en mi interior siento una llama que quiere hacerla pedazos—. Soy una reina. Dónde quiera estar o no, lo decido yo; tú no me vas a dar órdenes.

​—Soy la prometida de Erebos, la futura reina de este reino, y puedo hacer o decir lo que yo quiera. Y si decido que no quiero que vuelvas a este lugar, no vuelves —su voz sale filo como una navaja, directa a lastimarme.

​Sonrío para mis adentros.

​—Futura reina... En el futuro, entiendo... —contesto, acercándome a ella hasta quedar frente a frente para mirarla fijamente—. Pero ahora estamos en el presente, en el hoy. Ahora no eres nadie para darme ese tipo de órdenes. Y si fueras reina en este instante... —me acerco a su oído; de reojo noto una sombra en la salida del castillo y veo a Erebos aparecer, pero lo ignoro—. Invadiría este reino solo para sacarte del trono, porque nunca dejaría que una persona manipulada por el poder gobernara el reino de Erebos ni estuviera a su lado solo por pura ambición.

​Se lo susurro al oído y me alejo. Veo a Erebos acercarse hacia donde estamos, mientras Lahyra me mira con frialdad y los puños apretados.

​Me doy la vuelta y sigo mi camino hacia mi reino, adentrándome en el bosque. Puedo sentir los pasos de Erebos siguiéndome junto a Daarlen, que no sé de dónde apareció.

​Fayrha, a mi lado, me mira y se ríe por lo que acabo de hacer. Mientras tanto, en mi interior siento una ira contenida... Jamás me había sentido así. Es horrible.

​Fayrha se acerca más a mí y susurra:

​—Estás celosa —dice riendo.

​Niego con la cabeza sin mirarla, mientras ella se ríe más fuerte y yo aprieto las manos en puños.



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En el texto hay: amor, oscuridad y luz, reino y destino

Editado: 31.07.2026

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