La Última Llama de Ardent

Capítulo 12: El despertar del Temt

El sol apenas comenzaba a asomarse sobre el horizonte cuando la campana resonó en el recinto.

Elia se despertó con el sonido familiar, su cuerpo ya acostumbrado a la rutina. Se vistió rápidamente, con la ayuda de sus compañeras, y salieron corriendo hacia el campo de entrenamiento.

Pero esta mañana era diferente.

Cuando llegaron, todos los reclutas estaban formados en filas, más silenciosos de lo habitual. El instructor, el hombre alto de la cicatriz, estaba frente a ellos con los brazos cruzados. A su lado, la instructora de cabello gris observaba con una expresión seria.

—Hoy —dijo el instructor, su voz resonando en el silencio—. Comenzamos el entrenamiento del Temt.

Un murmullo recorrió la fila. Algunos reclutas sonrieron con confianza. Otros se pusieron nerviosos.

—Silencio —dijo el instructor—. Escuchen con atención. Porque lo que voy a explicarles hoy puede salvarles la vida.

Elia sintió que el corazón le latía con fuerza. El Temt. Esa fuerza que todos tenían, pero que casi nadie sabía usar.

—El Temt es la energía vital que todos los seres vivos poseen —comenzó el instructor—. No es magia. No necesita despertar como el don mágico. El Temt ya está dentro de ustedes. Solo necesitan aprender a sentirlo, a controlarlo y a usarlo.

—Pero no todos lo usan igual —continuó—. El Temt se divide en niveles. Ocho niveles, para ser exactos. Desde el nivel cero, que es el estado natural de cualquier persona, hasta el nivel ocho, que es un mito que quizá solo aparece una vez en la historia.

El instructor comenzó a caminar entre las filas, mirando a los reclutas.

—Nivel cero: el Temt dormido. Todos nacen con él. Su cuerpo lo usa sin que ustedes sepan, para mantenerlos vivos. Les da una recuperación ligeramente superior y una resistencia natural. Pero no pueden usarlo en combate.

—Nivel uno: el despertar. Aquí aprenden a sentir su propio Temt. Mejoran su concentración y su resistencia. Pueden controlar mejor el cansancio. Un soldado de nivel uno puede correr más tiempo y aguantar golpes más fuertes.

—Nivel dos: la circulación. Aquí aprenden a mover el Temt por su cuerpo. Refuerzan músculos y huesos. Aumentan su velocidad y reflejos. Pueden concentrar el Temt en brazos o piernas para golpear con más fuerza.

El instructor se detuvo frente a un recluta alto y musculoso.

—Tú —dijo—. ¿En qué nivel estás?

—Nivel dos, instructor —respondió el recluta, con orgullo.

—Bien. ¿Puedes romper una tabla de madera con un golpe?

—Sí, instructor.

—Demuéstralo.

El recluta tomó una tabla de madera que el instructor le ofreció. La colocó sobre dos bloques de piedra. Cerró los ojos, respiró hondo, y luego golpeó con el puño.

La tabla se partió en dos con un sonido seco.

—Bien —dijo el instructor—. Eso es nivel dos.

Elia sintió una mezcla de fascinación y miedo. ¿Ella podría hacer eso algún día?

—Nivel tres: el revestimiento —continuó el instructor—. Aquí el Temt cubre partes del cuerpo, endureciendo la piel y los músculos. Pueden usar sus brazos como escudos. Pueden romper espadas comunes con sus puños. Un guerrero de nivel tres es un oponente peligroso.

—Nivel cuatro: dominio. Control perfecto del Temt. Activación instantánea. Movimientos precisos. Pueden aumentar todas sus capacidades físicas. Un soldado de nivel cuatro puede enfrentarse a varios enemigos al mismo tiempo.

El instructor se detuvo frente a Lina. La chica de cabello anaranjado sonrió con arrogancia.

—Tú —dijo el instructor—. ¿En qué nivel de Temt estás?

Lina se enderezó con orgullo.

—Nivel dos, instructor. Aunque mi magia es de rango medio y mi afinidad con el hielo es una de las mejores del batallón.

—Bien —dijo el instructor—. Pero no dependas solo de la magia. El Temt te dará una ventaja que la magia no puede. Un guerrero que solo confía en su magia es un guerrero que muere cuando se queda sin ella.

Lina asintió, aunque su sonrisa seguía siendo arrogante.

—Nivel cinco: manifestación —continuó el instructor—. Aquí el Temt deja de estar limitado al cuerpo. Pueden crear una capa de energía alrededor de ustedes. Pueden reforzar armas a niveles extremos. Pueden lanzar ataques con energía.

—Nivel seis: resonancia. El Temt responde solo. Reacciones automáticas. Movimiento perfecto. Pueden pelear con los ojos cerrados porque su cuerpo sabe lo que tiene que hacer.

El instructor se detuvo en el centro del círculo.

—Nivel siete: trascendencia. El cuerpo rompe las limitaciones humanas. Fuerza y velocidad monstruosas. Pueden luchar contra demonios superiores. Pero tiene un precio: daño interno, agotamiento extremo, y si abusan de él, reduce su esperanza de vida.

—Y nivel ocho —dijo el instructor, con voz grave—. El vacío del Temt. La perfección absoluta. No tienen más energía que los demás, pero no desperdician absolutamente nada. Cada movimiento es perfecto. Cada golpe transmite toda la fuerza posible. Es un nivel que casi nadie alcanza. Un mito que quizá solo aparece una vez en la historia.

El silencio se extendió entre los reclutas.

La instructora de cabello gris dio un paso adelante, sus ojos recorriendo la fila con severidad.

—Muchos soldados creen que el Temt los hace invencibles —dijo, su voz cortante—. No es cierto. El Temt no elimina tus límites. Solo te permite romperlos. Y todo lo que se rompe... deja una cicatriz.

Algunos reclutas bajaron la mirada.

—El Temt puede darles fuerza —continuó—. Pero también puede destruirlos si lo usan mal. No intenten alcanzar niveles que no están listos para sostener. Primero aprendan a controlar lo que tienen. Luego, si son lo suficientemente sabios, podrán buscar más.

—Ahora —dijo el instructor—. Sepárense a un metro de su compañero o compañera. Y siéntense.

Los reclutas obedecieron. Elia se sentó en el suelo de tierra, sintiendo el frío de la mañana en sus piernas. A su lado, Kira, Lila y Maya hicieron lo mismo.



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En el texto hay: demonios, aventura, fantasia oscura

Editado: 26.08.2026

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