La Última Llama de Ardent

Capítulo 13: El flujo del Temt

El amanecer llegó con un frío que se filtraba hasta los huesos.

Elia se despertó antes de que la campana sonara, su cuerpo ya acostumbrado a la rutina. Se vistió rápidamente, con la ayuda de sus compañeras, y salieron corriendo hacia el campo de entrenamiento.

Hoy era diferente.

Cuando llegaron, el instructor ya estaba esperándolos, con los brazos cruzados y una expresión severa. A su lado, la instructora de cabello gris observaba con atención.

—Ayer aprendieron a sentir el Temt —dijo el instructor, su voz resonando en el silencio—. Hoy aprenderán a moverlo.

Los reclutas intercambiaron miradas. Algunos sonrieron con confianza. Otros se pusieron nerviosos.

—Sentir el Temt no sirve de nada si no pueden moverlo —continuó el instructor—. Es como tener un río dentro de ustedes, pero no saber cómo abrir la compuerta. Hoy van a aprender a abrir esa compuerta.

—El Temt no se crea —dijo la instructora, dando un paso adelante—. Solo circula. Si desperdician energía, terminarán agotados antes que su enemigo. Y en el campo de batalla, estar agotado significa estar muerto.

Elia sintió un escalofrío.

—Ahora —dijo el instructor—. Sepárense. Van a intentar mover el Temt desde el pecho hasta una mano.

Los reclutas se separaron. Elia se sentó en el suelo, sintiendo el frío de la tierra bajo sus piernas. Cerró los ojos y respiró hondo.

Sintió el Temt en su pecho. Esa vibración constante que siempre estaba allí. Ahora solo necesitaba moverla.

Intentó empujarla hacia su brazo derecho. Al principio, no pasó nada. La vibración se quedó en su pecho, como si no quisiera moverse.

—Concéntrate —susurró Kira a su lado—. No la forces. Guíala.

Elia respiró hondo. Intentó no pensar en nada. Solo en la vibración. Solo en guiarla hacia su brazo.

Y entonces, lentamente, sintió cómo se movía.

No era un empuje. Era más como un susurro. El Temt comenzó a fluir desde su pecho hacia su hombro, y luego hacia su brazo derecho. Sintió cómo sus músculos se tensaban ligeramente, cómo su piel se calentaba.

—Bien —dijo el instructor, observando a los reclutas—. Ahora, llévenlo a ambas piernas.

Elia intentó mover el Temt desde su brazo hacia sus piernas. Pero era más difícil de lo que parecía. La vibración se resistía, como si quisiera quedarse donde estaba.

—No lo fuerces —dijo Lila a su lado, con su voz tranquila—. Respira y deja que fluya.

Elia respiró hondo. Cerró los ojos. Y esta vez, en lugar de empujar, solo se concentró en respirar. Sintió cómo el aire entraba y salía de sus pulmones. Y lentamente, el Temt comenzó a moverse.

Fluyó desde su brazo derecho hacia su pecho, y luego hacia sus piernas. Sintió cómo sus músculos se tensaban, cómo la energía recorría sus extremidades.

—Ahora, manténganlo durante varios segundos —dijo el instructor—. Si pierden la concentración, el flujo desaparece.

Elia intentó mantener el Temt en sus piernas. Pero era difícil. La energía se movía constantemente, como agua que quería encontrar su propio camino.

—Concéntrate —dijo Maya, con una sonrisa—. Piensa que estás agarrando algo. No lo sueltes.

Elia apretó los puños. Y esta vez, el Temt se quedó.

No era perfecto. Podía sentir cómo la energía se movía, cómo temblaba ligeramente. Pero se quedaba.

—Bien —dijo el instructor—. Algunos de ustedes ya están logrando mantener el flujo. Otros no. No se preocupen. Esto toma tiempo.

Elia abrió los ojos y miró a su alrededor. Vio a Lina, que ya había logrado mover el Temt con facilidad. Su energía fluía sin esfuerzo, como si siempre hubiera sabido hacerlo. La chica de cabello anaranjado sonrió con arrogancia.

—Nivel dos —dijo el instructor, con asentimiento—. Y un control decente. Pero no te confíes. Tu ego puede ser tu peor enemigo.

Lina asintió, pero su sonrisa no desapareció.

Kira, por su parte, también logró mover el Temt. Pero después de unos segundos, su energía comenzó a descontrolarse. La vibración se volvía errática, como si no pudiera mantenerla estable.

—Estás gastando demasiada energía —dijo la instructora, acercándose a ella—. No necesitas usar toda tu fuerza. Solo la suficiente. Si sigues así, te agotarás en minutos.

—Lo sé —respondió Kira, con frustración—. Pero no puedo controlarlo. Se me escapa.

—Respira —dijo la instructora—. No luches contra él. Guíalo.

Kira asintió y cerró los ojos.

Lila, mientras tanto, había logrado un flujo estable. No era tan rápido como Lina, pero su energía era constante, sin fluctuaciones. La instructora observó con aprobación.

—Buen control —dijo—. Sigue así.

Lila sonrió, con su tranquilidad característica.

Maya, por su parte, aprendió rápido, pero cometía errores por impaciente. Intentaba mover el Temt demasiado rápido, y la energía se le escapaba.

—Despacio —dijo la instructora—. No tienes prisa.

—¡Pero Lila ya lo logró! —protestó Maya.

—No importa lo que hagan los demás —respondió la instructora—. Importa lo que hagas tú.

Maya frunció el ceño, pero siguió intentando.

Elia, mientras tanto, seguía concentrada. No era rápida. No tenía el talento de Lina ni la experiencia de Kira. Pero su Temt era estable. Firme. Cada vez que lograba moverlo, se mantenía.

—Bien —dijo el instructor, después de un rato—. Ahora, van a hacer algo más difícil.

Los reclutas levantaron la mirada.

El instructor señaló varias piedras pequeñas que había colocado en el suelo. Eran del tamaño de un puño, de color gris y superficie rugosa.

—Van a concentrar todo su Temt en un solo dedo —dijo—. Y van a tocar la piedra.

Los reclutas se miraron entre sí, confundidos.

—Estas piedras están hechas para absorber el impacto —explicó la instructora—. No se rompen por fuerza. Se rompen cuando el Temt entra correctamente.

—¿Y cómo sabemos si lo hemos hecho bien? —preguntó alguien.

—Si logran concentrar la energía en un punto, la piedra se agrietará —respondió el instructor—. Si la energía se dispersa, no pasará nada.



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En el texto hay: demonios, aventura, fantasia oscura

Editado: 26.08.2026

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