La Última Llama de Ardent

Capítulo 15: El combate del Temt

El amanecer llegó con un cielo nublado y un viento frío que recorría el campo de entrenamiento.

Los reclutas estaban formados en filas, sus espadas de acero sin filo en manos, sus rostros marcados por la tensión y la expectativa. El instructor y la instructora de cabello gris estaban frente a ellos, observando con sus miradas severas.

—Hoy —dijo el instructor, su voz resonando en el silencio—. Veremos quién ha aprendido a controlar el Temt bajo presión.

Hizo una pausa, recorriendo la fila con la mirada.

—Recuerden: no se trata de ganar. Se trata de mantener el control. Si pierden la concentración, su energía se descontrolará y estarán muertos antes de poder reaccionar. En una batalla real, el Temt no perdona los errores.

—Y una regla más —añadió, con voz cortante—. Está prohibido el uso de magia. Solo Temt. Nada más. Si alguien usa magia, será descalificado y tendrá que hacer el doble de entrenamiento durante una semana.

Los reclutas asintieron, apretando las empuñaduras de sus espadas.

—Primera pareja —dijo el instructor—. Kira contra Aldric.

Kira dio un paso adelante, con una sonrisa de emoción en sus labios. Aldric, el chico de cabello blanco y expresión calmada, avanzó lentamente, como si ya supiera el resultado del combate.

Se colocaron frente a frente, a unos cinco metros de distancia. La instructora levantó una mano.

—¡Comiencen!

Kira se lanzó.

Su espada de acero sin filo se movió en un arco rápido, apuntando al costado de Aldric. Era un ataque potente, lleno de energía. Pero Aldric no se movió. Solo esperó.

En el último momento, Aldric dio un paso lateral. La espada de Kira pasó a centímetros de su cuerpo. Y entonces, contraatacó.

Su espada se movió en un movimiento corto y preciso, golpeando la muñeca de Kira con una velocidad que apenas se podía seguir.

Kira retrocedió, sorprendida.

—No está mal —dijo Aldric, con su voz calmada—. Pero gastas demasiada energía en cada ataque.

—¡No me digas lo que tengo que hacer! —respondió Kira, atacando de nuevo.

Esta vez, usó más Temt. Su espada brilló ligeramente mientras se movía en una combinación rápida: golpe alto, golpe bajo, estocada al pecho.

Aldric bloqueó cada uno con movimientos precisos. Su espada se movía como una extensión de su brazo, sin desperdiciar energía. Cada bloqueo redirigía la fuerza de Kira en lugar de detenerla.

Kira, frustrada, cambió de táctica. En lugar de solo usar la espada, lanzó una patada rápida hacia el costado de Aldric. Aldric se movió para esquivar, pero Kira ya estaba girando, usando el impulso para lanzar un golpe con el codo.

—Interesante —dijo Aldric, retrocediendo un paso—. No esperaba eso.

—¡Hay muchas cosas que no esperas! —gritó Kira, empujándolo con el hombro.

El empuje fue fuerte, reforzado con Temt. Aldric tuvo que dar dos pasos atrás para recuperar el equilibrio.

Pero no se inmutó. Su expresión seguía siendo la misma: calmada, serena, como si nada pudiera sorprenderlo.

Kira atacó de nuevo. Espada, patada, empuje, una combinación que habría derribado a cualquier otro recluta. Pero Aldric se movía como agua, esquivando y redirigiendo cada golpe.

—Estás mejorando —dijo Aldric, mientras bloqueaba otro ataque—. Pero sigues desperdiciando energía.

—¡Cállate! —gritó Kira, atacando con más fuerza.

Pero Aldric tenía razón. Después de varios ataques, la energía de Kira comenzó a descontrolarse. Su espada vibraba erráticamente, y su respiración era irregular. Sus movimientos se volvían más lentos, menos precisos.

Aldric vio el momento. Esperó. Y cuando Kira atacó con un golpe descendente, él se movió.

Su espada golpeó la empuñadura de Kira, haciendo que el arma volara de sus manos. Kira quedó desarmada, jadeando.

—Gana Aldric —anunció el instructor.

Kira se quedó allí, mirando su espada en el suelo. Luego, levantó la mirada hacia Aldric.

—Eres un maldito —dijo, con una sonrisa entre el respeto y la frustración.

—Lo sé —respondió Aldric, con la misma calma.

Los reclutas murmuraron entre ellos. Aldric había demostrado por qué era considerado uno de los mejores. No por fuerza bruta, sino por control.

—Siguiente pareja —dijo el instructor—. Elia contra Lina.

Elia sintió que el corazón se le aceleraba. Caminó hacia el centro del campo, su espada de acero sin filo en la mano derecha. Lina ya estaba allí, con su sonrisa arrogante y su postura segura.

—¿Lista para otra derrota, campesina? —preguntó Lina, con su voz provocadora.

—No pienso perder tan fácilmente esta vez —respondió Elia, apretando la empuñadura.

La instructora levantó una mano.

—¡Comiencen!

Lina atacó de inmediato.

Su espada se movió con una velocidad impresionante, reforzada por su Temt. Elia apenas tuvo tiempo de levantar la suya para bloquear. El impacto la hizo retroceder varios pasos.

—¿Eso es todo? —preguntó Lina, atacando de nuevo—. ¡Pensé que habías mejorado!

Elia bloqueó otra vez, pero el golpe fue tan fuerte que sus brazos temblaron. Lina no se detuvo. Atacó una y otra vez, cada golpe más rápido que el anterior.

Pero Elia no cayó.

Esta vez, en lugar de usar fuerza bruta, se concentró en desviar los golpes. No los detenía; los redirigía. No gastaba energía en bloquear; la usaba para moverse.

Lina frunció el ceño.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, mientras atacaba con un golpe alto—. ¡Pelea de verdad!

—Lo estoy haciendo —respondió Elia, esquivando el golpe—. Solo que no estoy peleando como tú quieres.

Lina apretó la mandíbula. Aumentó la velocidad. Usó más Temt. Su espada brilló con más intensidad mientras golpeaba una y otra vez.

Pero Elia seguía en pie.

Después de varios minutos de combate, Lina se detuvo. Su respiración era irregular, y su frente estaba cubierta de sudor.

—¿Por qué no caes? —preguntó, con furia—. ¡Deberías estar en el suelo!



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En el texto hay: demonios, aventura, fantasia oscura

Editado: 26.08.2026

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