El tercer día del torneo amaneció con un cielo gris y un viento frío que recorría el campo de entrenamiento.
Los dieciséis clasificados se reunieron en el centro de la plataforma, rodeados por el silencio de los demás reclutas. Ya no había murmullos ni risas. Todos sabían que cada combate era decisivo.
El instructor subió a la plataforma, seguido por la instructora de cabello gris. Su presencia imponente hizo que todos guardaran silencio.
—Hoy es la tercera ronda —anunció, con su voz grave—. De los dieciséis, solo ocho continuarán. Los combates serán más intensos. No se contengan.
Los reclutas asintieron, con los puños apretados y la mirada fija en la plataforma.
Pero antes de que comenzaran los enfrentamientos, una figura apareció en el borde del campo.
Seraphina.
La comandante caminó lentamente entre los clasificados, observando a cada uno con sus ojos de acero. No miraba quién tenía la magia más impresionante. Observaba quién controlaba mejor su Temt, quién conservaba la calma y quién sabía adaptarse.
Cuando llegó hasta Elia, se detuvo unos segundos.
—Has mejorado —dijo.
Elia se sorprendió.
—¿De verdad?
—Sí. Pero todavía estás muy por debajo de los demás en cantidad de Temt.
Elia bajó la mirada. Sabía que era cierto. Pero no iba a rendirse.
—Entonces tendré que compensarlo de otra manera.
Seraphina sonrió ligeramente. Era una sonrisa pequeña, pero genuina.
—Eso es exactamente lo que quiero escuchar.
Y siguió caminando.
Elia apretó el puño de su brazo de metal. Las palabras de Seraphina resonaron en su mente.
"No necesitas ser más fuerte que tu enemigo. Necesitas entenderlo."
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Combate 1: Lina contra Thorne
Lina subió a la plataforma con su expresión fría. Thorne, un chico de cabello oscuro y ojos grises, la esperaba con una postura defensiva. Sus manos ya comenzaban a brillar con pequeños cristales que surgían de sus dedos.
—¡Comiencen! —gritó el instructor.
Thorne no atacó directamente. Creó una barrera de cristales frente a él, y luego lanzó pequeñas trampas al suelo: púas de cristal que surgían del pavimento, superficies resbaladizas que dificultaban el movimiento.
Lina observó con desprecio.
—¿Eso es todo?
—No —respondió Thorne, creando una lluvia de cristales afilados que volaron hacia ella.
Lina levantó su mano. Una pared de hielo surgió frente a ella, bloqueando los cristales. Luego, con un movimiento rápido, congeló el suelo alrededor de Thorne.
Thorne intentó moverse, pero sus pies estaban atrapados. Creó más cristales para liberarse, pero Lina ya se estaba moviendo. Su espada de madera, cubierta de hielo, se movió en un arco rápido. Thorne levantó una barrera de cristales para bloquear, pero el golpe fue tan fuerte que los cristales se rompieron.
Lina no se detuvo. Aprovechó la apertura y golpeó el costado de Thorne con una patada que lo hizo tambalearse. Thorne cayó de rodillas, pero se levantó rápidamente. Creó una lanza de cristal en su mano y atacó con furia.
Lina esquivó la lanza por centímetros, sintiendo cómo el cristal rozaba su mejilla y dejaba un corte superficial. La sangre brotó de la herida, pero Lina no se inmutó. Contraatacó con su espada, golpeando el brazo de Thorne con una fuerza que hizo que el cristal se resquebrajara.
Thorne rugió de dolor y lanzó una ráfaga de cristales afilados. Lina levantó una barrera de hielo, pero algunos cristales lograron atravesarla, golpeando su hombro y su costado. La sangre comenzó a manchar su ropa.
—¡Eres terco! —dijo Lina, con voz fría.
—¡Y tú eres arrogante! —respondió Thorne, creando más cristales.
El combate continuó durante varios minutos más. Lina usaba su hielo para controlar el terreno, creando superficies resbaladizas y barreras que limitaban los movimientos de Thorne. Thorne, por su parte, creaba cristales para atacar y defenderse, pero su Temt era inferior al de Lina.
Thorne logró golpear a Lina en el rostro con un puñetazo de cristal, partiéndole el labio. La sangre brotó de su boca, pero Lina respondió con una patada en el estómago que lo dobló en dos. Luego, congeló el terreno alrededor de Thorne por completo. El chico quedó atrapado, incapaz de moverse.
Lina se acercó lentamente, su espada cubierta de hielo, con la sangre goteando de su labio partido.
—¿Te rindes? —preguntó.
Thorne la miró con furia, pero sabía que no podía ganar. Su cuerpo estaba cubierto de cortes y moretones, y su Temt estaba agotado.
—Me rindo —dijo, con voz entrecortada.
—Gana Lina —anunció el instructor.
Lina bajó de la plataforma, con el labio partido y varios moretones en el cuerpo. No salió ilesa, pero había demostrado que no dependía únicamente de su poder bruto.
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Combate 2: Lila contra Mira
Lila subió a la plataforma con su característica tranquilidad. Su oponente, Mira, era una chica de cabello plateado y ojos violetas, con una sonrisa enigmática.
—¡Comiencen! —gritó el instructor.
Mira levantó sus manos. Una neblina plateada comenzó a extenderse por la plataforma. De repente, Lila vio a tres MIRAS a su alrededor, cada una moviéndose de manera independiente.
—Ilusiones —pensó Lila, manteniendo la calma.
Atacó a la primera Mira con su espada de madera, pero la figura se desvaneció como humo. La segunda Mira se rió y lanzó un golpe que Lila esquivó por poco. La tercera Mira atacó desde atrás, y Lila sintió el impacto en su costado. El dolor era real. Las ilusiones podían herir.
Lila retrocedió, analizando la situación. Sus ojos recorrieron el campo mientras esquivaba nuevos ataques. Entonces notó algo. Las pequeñas plantas que había sembrado en el suelo antes del combate estaban reaccionando. Las raíces se movían hacia una dirección específica, ignorando a las otras ilusiones.
—Las plantas reaccionan solo ante objetos reales —comprendió Lila.